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Génesis y antecedentes

El presente Proyecto surge como extensión y consecuencia del Proyecto Uco-Social-Innova “Los traductores en la gestión lingüística de las relaciones comerciales agroalimentarias de la provincia de Córdoba” del II Plan Propio Galileo de Innovación y Transferencia de la Universidad de Córdoba (2016). Surge también, y fundamentalmente, del intercambio de estrategias y conocimiento entre dos grupos de investigación de la Universidad de Córdoba, el grupo HUM-887 “Traducción, discurso y cognición” dirigido por la Dra. Rivas Carmona, experta en lingüística, estudios de género y traducción de textos agroalimentarios, y el grupo AGR-134 “Conservación y caracterización de razas autóctonas en peligro de extinción”, dirigido por la Dra. Rodero Serrano, presidenta de la Sociedad Española de Zooetnología (2012-2015) y Directora actual  del Centro Cualificado de Genética que coordina los programas de mejora de varias razas bovinas y caprinas en peligro de extinción. La afinidad entre ambos grupos ha conducido a la integración y la búsqueda de sinergias en pos de alcanzar objetivos comunes en beneficio del mundo rural.

De modo más profundo, este proyecto surge de la necesidad vital de unir humanidades y ciencias, cuerpo y alma, sentido y sensibilidad, teoría y praxis… en un mundo globalizado y tecnologizado en el que la información es tan amplia que nos llega en demasiadas ocasiones fragmentada. El propio sistema educativo, abocado por necesidad a presentar la realidad en parcelas estructuradas, parece errar a la hora de transmitir la necesaria imbricación, transversalidad e interdisciplinariedad que se dan en la vida real.

El personal docentes e investigador, especialmente de humanidades, oímos en ocasiones cómo los profesionales de distinta índole nos recuerdan la necesidad de integrar nuestros conocimientos con la práctica de su día a día. Por nuestra parte, nos lamentamos muy a menudo de su desconocimiento de lo que las humanidades pueden aportar a sus ámbitos de actuación.

En un mundo global y en un siglo en que la comida se hace arte, el paisaje se hace lienzo de vivencias, el consumidor se guía no solo por el estómago sino por el sentimiento, en que los movimientos sociales apelan a la solidaridad y la ecología, en un mundo en el que el entorno rural se hace poema con voz de mujer…  creemos necesaria la “alianza”, la unión entre quienes nos acercamos y amamos nuestro entorno rural desde distintas perspectivas. Creemos que podemos nutrirnos y retroalimentarnos de nuestras aportaciones mutuas.

Las dos investigadoras principales de este proyecto somos la representación y, en cierto modo, la personificación del espíritu de este proyecto. Se aúnan el conocimiento de la gestión lingüística, cultural y comunicativa, de un lado, con el conocimiento práctico de las estrategias de sostenibilidad de la biodiversidad autóctona de la provincia de Córdoba. Las coordinadoras del equipo de trabajo, por su parte, representan la nueva generación de mujeres con competencias multidisciplinares.

¿Cuál es nuestro entorno profesional y vital? La Universidad de Córdoba es considerada Campus de Excelencia Agroalimentario por la calidad y volumen de aportaciones científicas en el ámbito de la agroalimentación. Tal es su trascendencia que el acercamiento a este campo también se traduce en el estudio de los textos que genera desde la perspectiva de las humanidades. Es digno de mención que  en el Grado de Traducción e Interpretación de la Universidad de Córdoba se imparta la asignatura específica de Traducción de Textos Agroalimentarios, única asignatura dedicada íntegramente a esta materia en la universidad española y, sin duda, fruto de la realidad socio-económica de nuestra provincia. Gracias a asignaturas como esta los estudiantes adquieren competencias, formación y herramientas de documentación en la amplia tipología textual de temática agroalimentaria (textos científico-técnicos, jurídico-administrativos, bio-sanitarios, humanístico-literarios, publicitarios, etc.) y, especialmente, se acercan a la terminología propia de cada ámbito.

El sector agroalimentario abarca tanto los sectores productores de bienes, es decir, el sector primario (agricultura, ganadería, pesca, silvicultura) y secundario o industrial (transformación de materias primas del sector primario), como el sector terciario o de servicios (comercio, turismo, hostelería, ocio…). Uno de los ámbitos que generan más volumen de textos es el del comercio interior y exterior en todas sus fases. Por lo tanto, en principio existiría un amplísimo mercado de trabajo para los traductores agroalimentarios.

Además, este sector se considera uno de los pilares de la economía. De hecho, nuestro crecimiento económico depende en gran medida de la capacidad de internacionalización de las empresas españolas. Recordemos que nuestro comercio exterior agroalimentario ocupa el cuarto puesto dentro de la UE y el octavo a nivel mundial. Por comunidades autónomas, Andalucía representa el 12% del total de exportaciones nacionales, siendo el sector de la alimentación el de mayor volumen de exportación (34,8% del total) (Fuente: Informe mensual de CEX (diciembre 2019, publicado el 20/02/2020) del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo).

Las  exportaciones  de alimentación subieron  un  6,0% interanual en 2019 gracias a la producción animal, debido al crecimiento en las ventas de productos cárnicos (contribución de 0,5 puntos porcentuales a la tasa de variación anual de las exportaciones totales del 1,8%) en su mayor parte a China y, a gran distancia, Italia, Portugal y Francia; y de frutas, hortalizas y legumbres (0,4puntos) a Alemania, Italia y Polonia.

Las PYME son el motor de la economía europea y en Andalucía tienen una presencia muy destacada. La internacionalización de estas empresas es una necesidad en tiempos de crisis económica, puesto que no pueden competir con multinacionales (Mínguez, 2010). Pese a que Andalucía no se ha caracterizado por la “cultura exportadora” (Arias, 2008), sin embargo, gracias al ICEX (Instituto Español de Comercio Exterior), cámaras de comercio y CCAA, el volumen de exportaciones ha crecido notablemente en los últimos años.

El informe ELAN “Effects on the European Economy of Shortages of Foreign Language Skills in Entreprise” (diciembre, 2006) encargado por la Comisión Europea, estudia la relación directa entre el éxito de una exportación y la gestión lingüística del intercambio comercial. En él se constata cómo el 11% de las empresas (945.000) sufrían pérdidas por no superar las barreras lingüísticas. Las empresas de mayores dimensiones suelen contar con departamentos internacionales o de exportación, servicios lingüísticos o contratar traductores. Sin embargo, en muchas de ellas la comunicación bi/multilingüe recae en otros empleados (relaciones públicas, vendedor, administrativo…). Asimismo, el informe señala que el multilingüismo en una empresa repercute beneficiosamente en “la productividad de las PYME y sus resultados en materia de exportación”.

La gestión lingüística y cultural en la actividad comercial agroalimentaria

Una mala traducción o localización (i.e., adaptación de textos a un contexto o destino determinado) puede acarrear consecuencias económicas inesperadas en una transacción comercial. Es por ello que, desde las humanidades, hemos de reivindicar la difusión y visibilización del papel que juega una adecuada gestión lingüística y cultural en una relación comercial, así como del nivel de competencias y capacidades de los lingüistas, traductores, etc. en dichas relaciones.

Por ejemplo, en una transacción comercial de cualquier tipo y, específicamente, en una transacción comercial internacional agroalimentaria, no es suficiente con que el traductor sepa la lengua extranjera, tiene que conocer la cultura y la economía del país consumidor, los procesos y métodos de negocio internacional, así como las experiencias y los conocimientos profesionales del ámbito administrativo y jurídico, puesto que tendrá que participar durante todo el proceso de la operación mercantil:  fases de propuesta, negociación, contratación, reclamaciones y seguimiento. Del mismo modo, también en comercio interior y oferta de servicios, debe conocer la lengua y cultura del cliente.

En la práctica, lo que ocurre realmente, según hemos podido constatar en los estudios previos llevados a cabo por miembros de este proyecto como Ruiz Romero (2020), es que las empresas no buscan para estas labores exclusivamente a “traductores”, sino que buscan perfiles profesionales de administración de empresas, económicas, empresariales o agentes comerciales. En muchas ocasiones se recurre a empleados de la empresa con conocimientos de la lengua extranjera y del entorno empresarial, las estrategias de negociación, las normas de protocolo y los objetivos de negociación. El traductor/a pasa a ser algo “puntual” “de emergencia”, y no un “activo constante que potencia la entrada de las compañías en diferentes mercados y permite la agilidad en las transacciones comerciales e industriales” (Rico, 2007).

Diversos estudios de campo que hemos llevado a cabo desde el equipo de traductores han constatado cómo las actividades de comercio exterior las desarrollan sobre todo egresados de LADE, ingenierías, derecho, TI, empresariales, cuya idoneidad a la hora de ser escogidos se valoraba según su conocimiento temático. Ruiz Romero (2014, 2020) llevó a cabo encuestas a empresarios de la agroalimentación y empleados que desempeñaban labores de traducción, así como entrevistas a traductores del sector en la provincia de Córdoba. Los sectores  predominantes en volumen de exportación eran: almazaras y envasadoras de aceites; bodegas y embotelladoras de vinos y cavas; manipulación y envasado de productos hortofrutícolas; conservas, semiconservas y zumos vegetales; preparados alimenticios y mataderos y salas de despiece. Contactó con 163 empresas cordobesas de 36 municipios, del Alto Guadalquivir, Campiña este-Guadajoz, Campiña sur y Subbética,  con actividad exportadora, de las cuales 79 realizaban labores de exportación (48%). Es digno de mención que solo 28 de estas 79 empresas exportadoras (un 35% de las mismas) habían empleado a traductores/ en algún momento de la transacción comercial. Por su parte, Zhiying (2015) realizó encuestas a empresarios, consumidores y traductores del sector del vino en España y China, en total 100 consumidores y 7 empresas. Llevó a cabo un seguimiento de la relación comercial desde su producción en la provincia de Córdoba hasta su exposición en superficies de venta en China y detectó cómo, en más ocasiones de las esperadas o percibidas por los participantes en estas relaciones, problemas de índole lingüística o cultural se volvían determinantes para el éxito de la venta.

En el caso de empresas que contaban con traductores e intérpretes, estos eran más valorados si tenían una formación añadida en comercio exterior, pero, en casi todos los casos, se contrataban o se recurría a ellos de forma puntual. Se les volvía a llamar si resultan «económicos» y sabían idiomas poco frecuentes. Para inglés, francés, etc. recurrían a trabajadores de la empresa, a conocidos, o a traductores automáticos. En definitiva, los estudios del equipo revelaban cómo muchas empresas de origen y destino no emplean a traductores profesionales, sino a personas con conocimientos de idiomas y otras muchas no empleaban a traductores en ninguna fase de la negociación.

En definitiva, en una relación comercial son de suma relevancia el idioma y la cultura. Sin embargo, en nuestro país y en nuestra provincia, se frustran relaciones comerciales con el exterior por el escaso conocimiento de lenguas y por la falta de conciencia de la importancia de servicios lingüísticos y de traducción cualificados que permitan una comunicación en todos los sentidos. Otro obstáculo es el desconocimiento por parte de los empresarios de las competencias reales de los traductores.

Las encuestas y entrevistas realizadas en trabajos de campo del equipo investigador a empresarios, traductores y consumidores, así como las entrevistas llevadas a cabo a dirigentes de asociaciones (Cámara de Comercio, Hostecor…) y consultorías y asesorías de desarrollo rural (Rurápolis, EcoAvantis…) ponen de manifiesto cómo muchas relaciones comerciales interiores e internacionales se ven frustradas por la escasa o defectuosa “comunicación” o conocimiento de la “terminología” adecuada en cada sector.

Dado que el modelo de negocio requiere personal que domine la lengua, la cultura y las relaciones comerciales, una de las estrategias de empleabilidad y acercamiento a las necesidades del mercado laboral consiste en formar a los traductores e intérpretes en relaciones comerciales (Arrés y Calvo, 2009) y crear estrategias de concienciación para las PYMES acerca de la necesidad de profesionales cualificados en la gestión lingüística de la relación.

Comercialización de productos y sostenibilidad de la biodiversidad

Sin duda alguna, el éxito de una relación internacional de exportación de nuestros productos contribuirá a la sostenibilidad de la biodiversidad de nuestro entorno, que, a su vez, es parte de nuestro patrimonio natural y cultural. Además, la viabilidad y solvencia de las transacciones comerciales agroalimentarias, al contribuir al sostenimiento de las explotaciones rurales, no solo tienen repercusiones económicas en su entorno, sino efectos de índole demográfica, medioambiental, culturales, etc.

Como señala el informe de la FAO (2019) “Developing sustainable value chains for small-scale livestock producers”, el éxito de las relaciones comerciales de los productores rurales repercute no solo en su economía o la de su entorno, sino que redunda en el bienestar social de múltiples maneras, de ahí que resulte vital atender a las necesidades de los pequeños productores agroalimentarios, tanto productores de ganado como de productos agrícolas. Son actores fundamentales no solo en la producción de alimentos, sino que su función es básica en cuestiones de salud humana, gestión de paisajes o recursos de genética animal. No obstante, se enfrentan a una serie de desafíos que obstaculizan su productividad y competitividad como el acceso restringido a los mercados y servicios afines, limitaciones ambientales, etc.

Organismos como la FAO luchan por proporcionarles orientación en labor de desarrollo y en el diseño de las intervenciones por medio del marco de la cadena de valor alimentaria sostenible (CVAS).  Este marco representa una herramienta de desarrollo práctica que persigue tres objetivos principales:

  • reducir la pobreza rural en general,
  • aumentar la sostenibilidad y la capacidad de resistencia de los pequeños productores en un entorno cambiante; y
  • empoderar a los pequeños productores de manera inclusiva, en términos tanto económicos como políticos.

Estos fines, a su vez, son un reflejo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS).

Como hemos señalado, el conjunto de personas, organizaciones y actividades que permiten producir y transformar los productos agroalimentarios que llegan finalmente a los consumidores a lo largo de la cadena ofrecen beneficios para la sociedad en general y generan un impacto positivo en los recursos naturales. Por consiguiente, se da una relación de interacción entre la cadena de producción-comercialización y el contexto físico y socio-económico. Desde un punto de vista social, cobra relevancia el papel que desempeñan las mujeres en estas relaciones. El papel de las primeras se convierte en objeto principal de nuestro proyecto, como explicaremos más adelante.

Si la interacción se encuentra dentro del marco de la cadena de valor agroalimentaria sostenible lograremos el objetivo de la sostenibilidad, así como un valor añadido que se podrá compartir entre las partes interesadas: mejores sueldos o salarios para empleados, ganancias netas para empresas, ingresos fiscales para el gobierno y el excedente del consumidor (la diferencia entre el precio de mercado y lo que los consumidores estarían dispuestos a pagar). En definitiva, la sostenibilidad tiene varias dimensiones:

  • económica (es rentable en todas sus etapas),
  • social (tiene amplios beneficios para la sociedad) y
  • ambiental (tiene un impacto positivo o neutral en el medio ambiente natural).

Resulta fundamental a todos los niveles comprender las interacciones que se dan entre las diferentes partes interesadas dentro de la cadena para poder identificar problemas de raíz, aprovechar las oportunidades para actualizar la cadena de valor y desarrollar junto con las partes interesadas planes de acción para apoyar la visión y la estrategia de desarrollo de la cadena de valor.

Desarrollar una cadena de valor supone llevar a cabo un proceso complejo y dinámico que implica seis etapas:

  1. Evaluación preliminar del contexto en que se va a implementar: objetivos, participantes, motivaciones, roles, instrumentos, beneficiarios, socios estratégicos, cronograma y recursos. Es preciso determinar oportunidades de mercado y potencial, estado de la oferta y la demanda, subsectores y sistemas de producción involucrados, importancia económica y comercio, actores presentes y desafíos potenciales. Tras esta evaluación, habrá que definir la intervención y los socios estratégicos.
  2. Selección de la cadena de valor en función de las (i) oportunidades de mercado y crecimiento; (ii) relevancia del sector y su impacto en el desarrollo; y (iii) factores estratégicos y factibilidad de cambio.
  3. Análisis integral del mercado final para comprender las oportunidades y la dinámica del mercado, y para evaluar el potencial de crecimiento. Es preciso estudiar los actores involucrados en la producción, agregación, procesamiento y distribución; las funciones de apoyo y el entorno propicio. Se analizan los incentivos y capacidades, gobernanza y cuestiones institucionales, teniendo en cuenta un entorno propicio, el contexto económico general y la sustentabilidad, con el fin de un crecimiento sostenible e inclusivo.
  4. Visión y estrategia de desarrollo para lograr objetivos concretos en un plazo de tiempo determinado acordando medidas para el mejor aprovechamiento del mercado.
  5. Diseño e implementación de medidas basadas en cuestiones concretas: qué, cómo, cuándo, quién y dónde, que incluyan intervenciones en los principales mercados de soporte de la cadena de valor y entorno propicio.
  6. Seguimiento, evaluación y ampliación del proyecto para dirigir y medir la efectividad e impacto del mismo en pos de la adaptación a los cambios del mercado y a las condiciones sociales y ambientales. El valor añadido de la cadena de valor sostenible redundará en el desarrollo del sector agroalimentario implicado y en la reducción del hambre y la pobreza.

Si nos centramos en la producción animal, el ganado tiene múltiples funciones desde la producción (por ejemplo, alimentos, pieles y estiércol) y servicios que posibilita (por ejemplo, energía de tiro, regulación de servicios del ecosistema, etc.). Además, interactúa con otras cadenas de valor, como las de salud y bienestar animal, procesamiento de alimentos o calidad y seguridad alimentaria.

Como se puede apreciar, la dimensión social es inherente a la cadena de valor y objeto fundamental de nuestro trabajo. Existen numerosos estudios concretos de corte técnico-económico y ambiental de cada uno de los subsectores en que llevan a cabo cadenas de valor sostenible que redundan en el bienestar social (como Gómez-Baggethun y de Groot, 2007; Martín López et al., 2007; Maldonado et al., 2019; Constanza y Daly, 2020).

Por ejemplo, Morales-Jerret et al. (2019) “The contribution of traditional meat goat farming systems to human wellbeing and its importance for the sustainability of this livestock subsector” estudian los sistemas tradicionales de cría de carne de cabra de razas autóctonas y el uso de recursos naturales a través del pastoreo, a menudo dentro de áreas naturales protegidas. Estos sistemas se hacen cada vez más relevantes como proveedores de servicios ecosistémicos, pues tienen una gran conexión con el bienestar humano y es preciso formular propuestas que garanticen su rentabilidad y continuidad.

Estos estudios identifican problemas multifactoriales, principalmente económicos y medioambientales. Persiguen producciones de calidad que contribuyan a la  preservación de las razas gracias a los beneficios que reportan.

El estudio de Pineda (2001) “Intensification, rural abandonment and nature conservation in Spain. Examples of European agri-environment schemes and livestock systems and their influence on Spanish cultural landscapes” resulta también de sumo interés puesto que relaciona los sistemas de ganadería del campo español con el paisaje cultural, la conservación de la naturaleza y el abandono del campo. Rescia et al. (2919) y Schröder (2011) inciden también en los aspectos socio-culturales y demográficos de los sistemas de producción animal agroalimentaria.

El papel de la mujer en la sostenibilidad del mundo rural

Las mujeres, sin duda, son las protagonistas cada vez más visibles de la defensa y conservación del mundo rural.; la mujer se convierte en el mejor baluarte en la lucha por un “futuro rural sostenible”. Buena muestra de ello es el creciente interés institucional por el papel que desarrollan.

A la nueva Ley de la Cadena Alimentaria que, a instancias del ejecutivo nacional intenta ofrecer medidas para mejorar la crisis del campo y de precios de agricultores y ganaderos, se unen iniciativas desde las comunidades autónomas. Así, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía acaba de someter a consulta pública el texto que conformará la primera ley andaluza de las mujeres rurales, del mar y del sector medioambiental (https://ecomercioagrario.com/consejeria-impulsa-la-primera-ley-de-andalucia-de-mujeres-rurales/ 05/03/2020) Con este ley se pretende “favorecer y mejorar su profesionalización y sus iniciativas empresariales y para que se visibilice el trabajo que realizan en sus respectivos sectores”. Asimismo, como señala este medio, se está preparando el II Plan Estratégico para la Igualdad en el sector agroalimentario, pesquero y medioambiental, en el que se aportarán más recursos para las asociaciones de mujeres de los sectores agroalimentarios. Además, desde la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible se está impulsando el Registro de Titularidad Compartida y se van a incluir criterios de igualdad en el Plan de Desarrollo Rural, con objeto de que las ayudas otorgadas a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader), “tengan el signo de la igualdad y de la mujer”. Se va a desarrollar también un Plan de Apoyo Financiero para mujeres rurales, de la pesca y del sector ambiental que sean autónomas o que formen parte mayoritaria de sociedades agroalimentarias.

Las mujeres se están incorporando en mayor medida a las explotaciones agrícolas y ganaderas de nuestra comunidad y suponen una esperanza para el futuro sostenible del campo y la lucha contra la España vaciada. Resulta sintomático que “las jóvenes agricultoras ya son un tercio de las nuevas incorporaciones a la actividad agraria en Andalucía” (Carmen Crespo, Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía (ecomercioagrario.com, 05/03/2020). El 25% de las mujeres andaluzas trabajan en el sector agrícola, aunque solo un 11,16% son mujeres asalariadas fijas a tiempo completo en explotaciones agrarias.

Por otra parte, los postulados y premisas de sostenibilidad que promulgan organismos como la FAO encuentran cada vez más eco en diversas corrientes de pensamiento crítico y movimientos sociales como el “ecofeminismo”, término creado en los años 70 del siglo XX por la pensadora francesa Françoise d’Eaubonne. Como señala la antropóloga, ingeniera y profesora Yayo Herrero (2018) en “El ecofeminismo como herramienta de transformación”, esta corriente promueve que la economía, la cultura y la política se desarrollen en consonancia con “las bases materiales que sostienen la vida”; con este fin, proponen “formas alternativas de reorganización económica y política, de modo que se puedan recomponer los lazos rotos entre las personas y con la naturaleza”.

Los ecofeminismos luchan también por integrar y valorar a personas, trabajos y funciones sociales que han quedado relegadas. Luchan por cuidar la vida desde el respeto al medio natural en que se inserta y con el que interacciona, instando a los estudios económicos a reconsiderar procesos complejos como la regeneración natural o la finitud de los recursos.  En definitiva, se trata de una corriente que apuesta por restaurar la vida rural (Puleo, Segura y Cavana, 2004).

Herrero (2018) afirma que quienes sostienen muchas de las comunidades rurales son las mujeres, cuya prioridad “es poner en el centro la vida, no solo la nuestra, sino las de una humanidad que naufraga”.

Alicia Puleo en “El ecofeminismo es la respuesta” (The Conversation, 28/11/2019) alude también al papel de la mujer y de los jóvenes en el compromiso medioambiental ante la “emergencia climática” o “crisis climática”, términos que, para la autora, desplazan la idea de “cambio” y, por tanto, la causalidad derivada de la acción humana. Alaba a las generaciones jóvenes y movimientos como Zero Hour o Fridays for Future (Juventud por el Clima). El referente en España para muchos de estos movimientos jóvenes es el ecofeminismo, “una visión empática de la Naturaleza y una redefinición del ser humano” (Puleo, Claves ecofeministas, 2019).

El ecofeminismo en su constante lucha por la “ecojusticia” también apoya decididamente a las mujeres indígenas que luchan en la defensa de sus territorios frente a explotaciones insostenibles de sus recursos naturales para el mercado mundial. Por ejemplo, Cerna Villagra (2015) en “La Red Agroecológica KP como respuesta feminista al modelo neoliberal agro-exportador excluyente en Paraguay” explica cómo surge la Red Agroecológica de Kuña Pyrenda como una propuesta feminista y ecologista de producción y consumo responsable de alimentos y productos artesanales, cuyas principales protagonistas son mujeres productoras rurales.

En nuestro entorno más cercano también se reconoce a las mujeres que luchan por devolver al campo la dignidad y situarlo en su merecido lugar. Así, las mujeres del ámbito rural reciben merecidos reconocimientos.

La veterinaria y escritora, y miembro de nuestro equipo de trabajo, María Sánchez, es Premio Orgullo Rural 2019 de la Fundación de Estudios Rurales, Premio Nacional de Juventud 2019 en la categoría de Cultura, y Premio Córdoba en Igualdad 2020, en el ámbito del arte y la cultura, por su reivindicación del papel de la mujer en la defensa de la vida en el campo. “Córdoba en Igualdad 2020” (https://www.eldiadecordoba.es/provincia/mujeres-protagonistas-premios-Cordoba-Igualdad_0_1442555970.html). A través de sus poemas y narraciones (Cuaderno de campo, La Bella Varsovia, 2017) o Tierra de Mujeres (Seix Barral, 2019) defiende el papel de la mujer en el medio rural, la necesidad de visibilizar su voz relegada y de garantizar la sostenibilidad de la cadena agroalimentaria.

Mujeres así encarnan perfectamente el espíritu de este trabajo: el interés por el mundo rural desde el contexto socio-profesional y desde la perspectiva lingüístico-literario-cultural.

Este proyecto, en definitiva, quiere ser una APORTACIÓN DESDE LAS HUMANIDADES A LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS Y EL EJERCICIO PROFESIONAL EN PRO DE LA SOSTENIBILIDAD por medio de herramientas de lingüísticas, culturales y de comunicación más efectivas para la ELABORACIÓN DE ESTRATEGIAS CONJUNTAS EN FAVOR DEL MUNDO RURAL Y LA BIODIVERSIDAD.