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L a niña del río es una ganadería ubicada en la provincia de Málaga, entre las localidades de Casabermeja y Almogía. Su propietaria, Antonia Luque Hurtado, es una mujer emprendedora, como ella nos cuenta, le viene de familia, y con afán de reinventarse siempre que sea necesario. Desde hace unos años dispone de la ayuda de su hija, Lorena Jurado Luque. La casa donde viven se encuentra a pocos pasos de la ganadería, formada por cuatrocientas cabras de raza Malagueña (doscientas cincuenta en producción y el resto destinadas a la recría), sin olvidarnos de sus mascotas: la vaca Margarita, un poni y un perro. Su parcela recrea el marco perfecto para todo aquel que desee pasar un fin de semana en la naturaleza, dado que esta apacible finca está inscrita como hotel rural.

Es imprescindible que la sociedad conozca la importancia de la ganadería para que podamos seguir disfrutando de ella

El padre de Antonia comenzó con las cabras cuando sus hermanos eran lo suficientemente mayores como para echarle una mano con el manejo de la ganadería y el cuidado de las tierras. En el momento en el que Antonia decide casarse, su padre reparte entre los tres hijos todas sus propiedades y su ganado, dejando a Antonia la casa familiar y los cuidados: en ella recae, por ser la única hija, la atención y cuidado a sus padres. Cinco meses después de dar a luz a su primer hijo, decide dedicarse a coser para la calle, oficio que ya había desempeñado junto a su madre antes de casarse. Siete años después, y embarazada de Lorena, deja de lado el mundo de la costura y se dedica a cuidar de las cabras y, además, consigue un puesto como dependienta en una panadería. Durante mucho tiempo tuvo que «llevar para adelante: cabras, casa, cuidados de hijos y padres y trabajos fuera».

Cuando termina su trabajo en la panadería, comienza un periodo de siete años en el que se dedica a los «tratos»: venta de parcelas.

A pesar de que los «tratos» marchaban bastante bien, su ilusión siempre había sido montar una ganadería «en condiciones» y tener un negocio cerca de casa para poder criar a sus hijos. De modo que empezó invertir el dinero que había estado ganando con la venta de parcelas en comprar las instalaciones para la ganadería. Cuando descienden sus ganancias procedentes de la compra-venta, Antonia empieza a dedicarse a la producción de queso y hace frente a la crisis de los ganaderos de 2010 hasta 2014. Durante este periodo, no para de trabajar, llegando a elaborar diariamente hasta 200 litros de leche. Este gran esfuerzo y sacrificio, le provocaron algunos problemas de salud.

Yo al principio me pasaba noches sin dormir pensando: verás que cualquier día me va a pasar algo. Me quedaba sola con la gente y subía en coches de desconocidos para poder enseñar las parcelas. A veces andaba sola en el campo con un hombre o dos y me preocupaba lo que pensaran de mí en el pueblo.

Antonia se separa de su marido en 2015 y continúa adelante, sola. Con la suerte de encontrar a Carlos y su familia, que trabaja con ella, y que han sido un apoyo fundamental y viven en la casa de los padres de Antonia a cambio del trabajo como cabrero. Pocos años después, en 2019, se une a la ganadería familiar su hija Lorena.

Lorena nunca se habría imaginado que su destino estaría en la ganadería. Comenzó los estudios de finanzas y contabilidad en Málaga, pero las expectativas no eran precisamente buenas en su caso, por lo que decidió abandonar sus estudios y empezar en la Escuela de Pastores para aprender el oficio y ayudar a su madre.

Lorena, ¿cuándo empezaste a formar parte del trabajo en la ganadería?

Lorena: Yo dejé la carrera en 2018, finanzas y contabilidad. De pequeña siempre decía que quería ser actriz, pero ya de mayor quería trabajar en un banco o una oficina. Me gustaba mucho el tema de papeleo y la organización. Además, mi madre siempre me había dicho que estudiara para estar vestida de limpio, pero no por solo eso, sino porque yo no había querido nunca trabajar con las cabras.

¿Por qué?¿Crees que estaba mal visto?

A mí no me gustaba. Creo que por la educación que había recibido. Mi padre no tenía tacto para enseñarme o explicarme. Si yo hubiese tenido un padre como Carlos me habría gustado más. Eso lo primero, y lo segundo porque yo lo veía como algo negativo, se me había pintado como un trabajo que no daba el suficiente dinero y que te tenía esclavizado. Por eso yo estaba totalmente desentendida de la ganadería y no tenía ni idea de nada; y eso que yo vivía aquí con ellos… Además, en el colegio me daba vergüenza decir que teníamos cabras, porque para los demás era sinónimo de que olías mal.

¿Crees que eso ha cambiado?

Sí, en el colegio no sé. Pero fuera del colegio sí, tú dices que eres ganadera y te ponen una alfombra roja. Ahora eres una reina.

Después de compararse con una amiga de clase, a la cual ella consideraba una estudiante muy eficiente, y ver cómo las expectativas económicas de la carrera no eran las que siempre se le habían prometido, decide abandonar los estudios. Pasó un tiempo trabajando en Ibiza e hizo un curso de recepcionista de hotel. Hasta que un día su madre le cuenta que desde que Carlos ha entrado a formar parte de la ganadería, todo ha cambiado y ha mejorado mucho. A partir de este momento, cambia totalmente la visión de Lorena del campo y la ganadería.

Lorena, siempre te he dicho que estudies para estar vestida de limpio, pero lo mismo que te dije eso, hoy te digo que para ganar mil euros, los puedes ganar en tu casa sin ir a ningún sitio.

Estas palabras fueron las que hicieron que Lorena decidiera comenzar los cursos de incorporación en la Escuela de Pastores. Cuando solo llevaba una semana, a Lorena le cambia totalmente la visión que había tenido hasta ese momento acerca de la ganadería. Conoce a gente experta de diferentes sectores, gente muy formada que siempre ha soñado con dedicarse a la ganadería pero nunca lo habían conseguido.

Yo llegaba con la libreta llena de cosas, no dejaba a mi madre ni dormir la siesta. Estaba muy emocionada

¿Trabajabas mientras ibas a la Escuela de Pastores?

Sí, me dediqué a vender huevos y a hacer queso, para no depender del dinero de mi madre. Hubo un tiempo que pensamos en dedicarnos a criar gallinas para vender huevos ecológicos, pero al final no salió. Yo le dije que ya teníamos un negocio que ya conocíamos y que lo mejor era centrarnos en eso. Terminé la escuela, seguí un tiempo haciendo queso, después empecé a ordeñar y monté la habitación de turismo rural1.

¿Fue entonces cuando decidisteis dedicaros también al turismo?

Cuando tenía veinte años y trabajaba en un supermercado, fui a Ámsterdam a ver a unos amigos, ellos tenían una habitación para alquilar por Airbnb y la idea se me quedó grabada en la cabeza. A mi madre no le hacía mucha gracia, porque me decía: chiquilla, cómo vamos a meter a gente de la calle en la casa sin conocerlos. Pero nada, saqué los muebles yo sola y arreglé la habitación. A medida que fui acogiendo huéspedes y recibiendo comentarios positivos, fui mejorando el alojamiento.

La mayoría de gente que viene son extranjeros y gente de paso, gente que va a Granada, Córdoba, Sevilla…y que vienen a hacer una ruta por Andalucía. Tengo casi todos los fines de semana reservados.

Me encanta conocer gente y relacionarme con todo tipo de culturas ¿Quién me iba a decir a mí que iba a conocer a gente de todas partes del mundo sin salir de mi casa?

Al escuchar cómo su hija nos cuenta con ilusión cómo cumplió su sueño aquí, con su ganadería, cosa que ella jamás se habría imaginado, Antonia nos cuenta otro sueño cumplido desde casa:

Yo siempre había tenido la ilusión de realizar las excursiones. Un día vino una guía turística a mi casa para gestionar excursiones en mi ganadería.

¿Os dedicáis cada una a una cosa o compartís todas las tareas?

Antonia: Yo empecé a darle responsabilidades, desde el momento en que ella entró en la Escuela de Pastores. Así que cuando llegó la guía turística, yo las dejé a ellas hablando y le dije que se hiciera ella cargo para poder centrarme de nuevo en los «tratos», en este caso era venta de casas, no parcelas como la otra vez. Que se encarguen ellas de todo eso. Yo no gestiono nada de las habitaciones ni de las excursiones. Tiene que encargarse de todo lo relacionado con el papeleo, las decisiones las tomo yo, pero ella tiene que tener responsabilidades.

¿Crees que el turismo da más que la ganadería?

Lorena: Es que nuestro turismo va de la mano de nuestras cabras. Porque nuestros turistas vienen a ver las cabras.

Para Lorena es muy importante dedicarse también tiempo a ella misma, a descansar y a organizar la parte administrativa del turismo y la ganadería.

Es prioritario vivir y descansar antes que ganar un dinero que no vas a disfrutar.

¿Por qué crees que las zonas rurales están tan despobladas?

Lorena: Yo creo que de aquí para atrás, la gente veía que quedarse en el pueblo era un atraso. Se les metía en la cabeza que había que estudiar, irse fuera y que eso era el futuro y evolucionar. Quedarte en el pueblo era algo negativo. Hoy en día, la gente está deseando conectar con la naturaleza, gracias también al ecologismo hay otra mirada. Ha habido un cambio muy grande, la gente que se fue está volviendo al pueblo. Ya no se ve mal, quedarse en el pueblo es sinónimo de calidad de vida.

¿Tienes alguna necesidad que no puedas cubrir por vivir en el campo?

Ninguna. Aquí los colegios están muy bien preparados, hay internet… Hay partes de la sierra que son más complicadas, pero aquí estamos muy cerca del pueblo y a media hora de Málaga.

¿Cuando tengas hijos les vas a animar a quedarse con las cabras?

Yo si veo que les gusta… Pero si veo que no les gusta, no. Como hacemos con él [refiriéndose al hijo de Carlos] Yo le digo: Tienes que tener unos estudios mínimos y luego ir a la Escuela de Pastores, como ha hecho la tata. Que se forme del tema. Pero hace unos años, no habría sido así. Se le habría obligado a ir a la escuela y a pensar en unos estudios universitarios, para que se olvidase de las cabras.

¿Tú crees que las personas son conscientes de lo que es la ganadería y del papel que tiene en el medio ambiente y en la sociedad?

No, no tienen idea. Ni la gente de los pueblos lo sabe, así que tampoco hace falta irse a la ciudad para creer que no saben nada de ganadería. Porque les falta educación en ese aspecto, y los colegios no se encargan de eso. Cuando los niños vienen de fuera, se vuelven locos. Corren y chillan. Nuestros niños están tranquilos y los de fuera llegan locos.

Cuando vienen de la ciudad son ellos los salvajes

En las excursiones, me gusta explicar que la ganadería extensiva tiene tres cosas muy importantes que yo aprendí en la escuela: prevención de incendios, porque nuestros animales pastan todas esas hierbas. Por ejemplo, aquí al lado hay dos ganaderías abandonadas y nuestras cabras son las que pastan ahí, si no pastasen… todas esas hierbas crecerían y se secarían, por lo que el riesgo de incendios es mayor. Ayuda a la biodiversidad, el campo se regula muy bien porque los animales no cortan las plantas de raíz; y, por último, potencia la población del medio rural, porque movemos la economía de los pueblos y creamos empleo.

Fotografías

  1. Lorena y Antonia almorzando en el campo.
  2. Lorena junto a una de sus cabras.
  3. Lorena disfrutando del campo con sus cabras.

Notas

  1. Antonia y Lorena tienen una habitación disponible en Airbnb, las reservas se pueden llevar a cabo a través de la página web: https://www.airbnb.es/rooms/40345075?source_impression_id=p3_1665490340_qcjqDG5kSYeoN9ee