Basilia Martínez Sánchez es una mujer ganadera que cría oveja Segureña, raza autóctona en peligro de extinción. Nacida en Castril, nos recibe en su cortijo, El Sapero, ubicado en el término municipal de Fátima, en Granada. También tiene algunas cabras de leche, frutales, gallinas y un huerto. Es titular de la ganadería, que comparte con su pareja, José. Nos encontramos con ella mientras prepara conservas, atiende a sus animales y nos cuenta su día a día en una conversación emotiva que deja entrever su valentía y esfuerzo por salir adelante.
Me siento muy bien haciendo mi trabajo
¿Cómo llegaste a ser ganadera?
Basilia: Mi padre ha tenido animales toda la vida, pero te soy sincera, no me gustaban. A mi hermana sí, ella iba de pastoreo y al corral con él. A mí pastorear no me gusta, creo que no sé hablar a los animales. Yo era ama de casa, trabajaba a veces en el tomate, y mi marido, albañil. De vez en cuando yo ayudaba a mi padre porque vivíamos cerca, pero no trabajaba en el ganado. Mi marido tuvo un accidente y murió. La vida quiso que siete años después conociera a José, mi pareja. Él trabajaba con su hermano en una ganadería. El hermano no terminaba de ver el trabajo, y quería vender su parte. Me ofrecieron hacerme cargo, y me dieron facilidades para pagar poco a poco. Así que, aquí estoy, titular de la ganadería, al frente con José de cerca de 900 animales de la raza autóctona ovina Segureña.
¿Cómo te ves como mujer ganadera?
A mí, me gusta. Antes cuando trabajaba en el tomate, era un trabajo diferente. Tenía que ir todos los días y aquí tienes otro tipo de trabajo, porque es tuyo y vas a tu ritmo. El tomate era un trabajo pesado, aquí no tengo horario, para mí es más cómodo. A mí me gusta darles de amamantar a los corderos, estar pendiente de ellos, cuidarlos, que no les falte de nada, me siento muy bien haciendo mi trabajo.
Las ovejas de Basilia pastorean en el Parque Natural de Sierra de Castril, se encuentra al norte de la provincia de Granada, está dentro del municipio que da nombre al lugar y en torno al río Castril, que recorre este espacio natural de norte a sur. También hace frontera al norte con el Parque Natural Sierra de Cazorla, Segura y las Villas. Intenta organizar las parideras en dos al año, pero es un poco complicado al hacer pastoreo, ya que algunas ovejas se preñan de carneros de algún rebaño vecino. En la nave, nos enseña los corrales con la recría y las madres. Acaban de vender los últimos borregos, con dos meses de edad y entre los 21 y 24 kg de peso. Sanitariamente están bien, no tienen ningún problema con enfermedades, pero sí está preocupada por la situación que hay ahora en el sector con la viruela, justo estuvo hace poco en una charla informativa. Suplementan con cebada ecológica y paja. También siembran. Todo lo que compran lo hacen en empresas y cooperativas de la zona. En el cortijo tienen agua, electricidad e internet. Cuando José sube de pastoreo, arriba tiene muy mala cobertura. Sí tienen allí luz de grupo y agua. Basilia se encarga del papeleo, de ir a la OCA de Huéscar y a la Cooperativa, donde venden directamente sus corderos de producción ecológica. Alguna vez se han planteado arreglar una cueva que tienen para vivienda de turismo rural.
Hoy en día con 300 ovejas no te salen las cuentas
¿Crees que vendes tus borregos a precios dignos?
No sé qué decirte, los últimos nos han salido a 80 euros el cordero. Según el peso que lleva, normalmente se encuentran entre los 21 y los 24 kilos, pero también salen algunos con peso inferior. No veo un precio justo, es barato porque el pienso está muy caro. Lo veo poco rentable, pero ya está una aquí metida y tú me dirás qué podemos hacer. Para que sea rentable necesitamos que paguen el precio justo por el cordero, es lo único que necesitamos. Son muchos gastos los que se van aquí, y no se pagan las cosas como debería. El año que me casé, mi padre vendía los borregos a 10.000 pesetas (60 euros), y de esto, hace ya, 35 años. El pienso era mucho más barato, con menos animales, vivías bien. Mi padre tenía 300 ovejas, vivíamos bien, ahora con 300 no te salen las cuentas.
¿Cómo te ves en el futuro?
Pues no sé, pero cuando me jubile, espero estar tranquilita en casa, sin ganado. Me gustaría viajar, aprovechar el tiempo. Con mi marido viví eso de ir dejando las cosas, siempre esperar a después, pero es que la vida con los animales es así. Creo que cuando me jubile tendré que quitar mis animales, venderlos. No hay otra opción, porque no hay relevo. Mi marido tiene 3 hijos, que viven en Alicante, tampoco tendremos relevo por su parte. Tengo ya 57 años, no voy a estar aquí toda la vida.
¿Te gustaría que tus hijas se quedaran en el campo?
No, yo no. Sí es verdad que, en algún momento, cuando yo me quedé con la mitad de la ganadería que se incorporaran con las ayudas de joven ganadera, en especial con mi hija pequeña. Ella es más espabilada, pero ya estaba trabajando y no pudo ser. Yo empecé totalmente de cero, con 300 ovejas. Y una tiene que estar aquí todos los días, cuando hay parideras, por ejemplo, tienes que sacar a todos los corderos adelante. Hay que estar pendiente de los que no maman. Es mucha faena, tienes que tener mucho cuidado.
Basilia tiene dos hijas, de 32 y 28 años. Ella nos cuenta que no quieren nada de campo ni de ganado. A la mayor no le gustaba verlas, a la pequeña sí, se metía en el corral a ayudar al abuelo. Las dos están en Murcia, una es enfermera y la otra hizo periodismo, marketing y publicidad y está trabajando en una empresa de placas solares, un mundo totalmente distinto al de su madre.
¿Cómo llevas el trabajo de la ganadería con el de la casa?
Pues arreglar la casa y la comida, poco más. Porque no da para más. Mis hijas están en Murcia, con sus trabajos. Y aquí tenemos muchos animales, y cuando están en la sierra es mucha faena. Estamos solos porque no nos salen las cuentas para contratar a alguien que nos ayude con el trabajo. Mis hijas, cuando vienen, me resuelven algunas cosas. A ellas les gusta estar por aquí, pero no trabajando en el día a día con los animales.
¿Te sientes valorada en tu trabajo?
Sí, yo sí. Esto me gusta: estar aquí, el trabajo en el corral, cuidar a los animales… Pero salir a pastoreo no me gusta, siento que pierdo el tiempo, que se me va el día esperando a que coman. Aquí sí me gusta estar, pendiente de todo, de que no les falta nada, tenerlo todo bien, limpio y arreglado. Sé que pastorear es más fácil, pero no me gusta.
La gente no valora el trabajo que se realiza con el pastoreo en la lucha y prevención de incendios forestales
Basilia no solo se dedica al campo, también atiende y cuida a sus padres. Su padre ya vendió todos sus animales. Los tratos y las compras, como ella dice, los lleva su pareja. Cree que la gente es solidaria con sus animales cuando están de pastoreo, pero que la sociedad aún no conoce ni valora el trabajo que realizan sus ovejas en pastoreo en la lucha y prevención de incendios forestales.
¿José está ahora de pastoreo en la sierra?
Sí, a él le encanta. Es un apasionado de los animales, de estar ahí arriba pastoreando en el campo. Yo, en cambio, soy una apasionada de que no les falte comida en el corral… Y si pudiera, las tendría aquí conmigo, hartas de comida, sin que tengan que estar por ahí fuera. Así tienes más tiempo y puedes hacer cosas. Mira, José se subió el viernes, y aún no ha vuelto. Pensaba bajar anoche, pero los animales están por ahí. Algunas del rebaño tienen GPS, así podemos tenerlas localizadas, pero claro, no todo el rebaño está con ellas, por lo que cuando te das cuenta es de noche, en la sierra, y se te ha ido el día. Tiene que bajar las que van a parir, y primero hay que apartarlas allí en el cortijo. Hay que estar muy pendiente y bajarlas antes de que paran, porque si no el zorro se lleva los corderitos. Está encantado allí, porque hay hierba. Arriba las ovejas están muy bien, porque ha llovido y están por ahí, esturreando1.
Mientras nos enseña fotografías que le manda José para que veamos como está el campo allí en la sierra tras las lluvias, Basilia nos cuenta que nunca han tenido problemas con el Parque Natural. José pastorea su parte, que es donde iba con su padre, que son cerca de 40 hectáreas, y también tiene acceso a otras zonas acopladas a lo suyo.
¿Te he pillado haciendo conservas… ¿Cómo es tu día a día?
Una se levanta, hace la comida… Si está José no voy yo con los animales, y me encargo de la ropa, la casa, las gallinas, el huerto, y bajo con mis padres, que están a 11 kilómetros. También bajo a mi casa del pueblo a dar una vuelta cuando estoy por aquí. Ahora con las conservas, pero también hago pan, me sabe muy mal tener que ir a comprarlo a la tienda. También vamos a menudo a Baza, que está a una hora en coche, a hacer la compra en el supermercado. Aprovecho si tengo que ir al dentista, para hacer mandados. Aquí no se para, una siempre tiene cosas que hacer. Aunque creo que no es solo en el campo, que en ningún sitio se para, en la ciudad pasa lo mismo. ¿Es que acaso una pareja con niños pequeños para? El rural me gusta mucho, tengo olivos, chopos, almendros y el huerto, que también lo llevo yo. El huerto es mío. Me ayuda a sembrar José, pero luego es para mí, porque pilla justo la primavera con la paridera. También hacemos matanza, claro. Y tengo mis gallinas, me ha gustado vivir siempre así. Aquí tengo mucho espacio, aquí se vive bien.
Basilia, eres una mujer muy activa, también muy valiente…
Fui valiente, sí y así es la vida. Conocí a José, fue por casualidad. La vida se encargó, yo no quería a nadie después de quedarme viuda. Pero conocí a José en el taller y yo que sé, él me decía que me conocía de toda la vida, y yo le dije: pues yo no me acuerdo de ti [se ríe al recordarlo]. Él se había separado de su mujer y se trajo sus animales con su hermano, que quería comenzar. Él ya tenía ganado con el padre. Y el hermano vio que no podía estar y quiso venderla. Y quise probar. Como conocía ese mundo, ojalá no lo hubiera conocido… [vuelve a reírse].
La conversación aquí se vuelve íntima y emotiva. Basilia se quedó viuda cuando sus hijas tenían 18 y 14 años.
Mis hijas están orgullosas de mí, me dicen: Mamá, eres un ejemplo a seguir. Yo labro la tierra, siembro, curo a mis animales. Mi pareja me ayuda y hace también lo que puede, pero aquí estoy yo. Si él no puede, yo tiro para adelante, las cosas hay que hacerlas cuando tocan, no pueden esperar, no puedes dejarlo para mañana. Yo tengo un tractor y lo llevo yo. Y el remolque…cuido y preparo mis almendros también.
Basilia nos emociona al escucharla hablar su día a día, de cómo necesita trabajar ella en sus cosas, y que cada uno tenga su parte. Piensa que al fin han cambiado las cosas, ya no son como antes. Trabajan juntos, pero cada uno con lo suyo. Nos confiesa que este trabajo no le gusta mucho a la gente, pero tiene esperanza en los jóvenes que están saliendo, que vienen de familia de ganaderos y que se incorporan y toman el relevo.
No paras, necesitas estar haciendo cosas, ¿verdad?
Sí, soy una persona muy activa, necesito hacer cosas, por eso quizás no me gusta el pastoreo, porque pienso en todo lo que podría estar haciendo mientras. Cuando estamos de paridera, soy la primera en levantarme y arreglar las cosas, me voy corriendo a ver los borreguitos y que no falte de nada. Pero para esto hay que ser muy constante, es diferente a otros trabajos…Yo no te he contado nada de lo que he pasado, eso lo llevo yo dentro. Me acuerdo mucho de mi marido, José lo entiende. Como madre, sé la falta que le hace a sus hijas. Estuve sola cuando ellas eran niñas, mientras crecían, hice frente de muchas cosas sola. Dios me lo quitó y ya está, pero me viene muy bien hablar de todo esto. Luego José apareció en mi vida, uno separado y otra viuda, no hacemos nada malo. Ya llevamos siete años juntos. Me ayuda muchísimo, él es encantador y comprensivo. Se desvive por esto. Trabajamos muchísimo, no tenemos tiempo para vernos, aunque estemos en lo nuestro, porque siempre hay trabajo y así vamos. Me gusta estar aquí, y así es la vida.
Basilia es un ejemplo de superación. Una mujer que no ha dejado de luchar por seguir adelante, que le gusta trabajar en el campo con sus animales. Una gran luchadora al frente de su ganadería.
Fotografías
- Basilia Martínez Sánchez con su rebaño de Oveja Segureña en la entrada de su ganadería.
- Basilia enseñando a mamar a los borregos recién nacidos.
- Basilia en su patio.
- Basilia haciendo conserva de tomate con su familia política.
- Basilia con sus ovejas.
Notas