Herminia Isabel Pérez Villagrán nos recibe en Puertecillo del Agua, su finca que se encuentra en la localidad de Benaocaz, en Cádiz, en el Parque Natural de Grazalema. Con 37 años, cría dos razas autóctonas en peligro de extinción, la oveja Merina de Grazalema y la cabra Payoya, animales rústicos, adaptados al territorio.
Mi mundo siempre ha sido el campo
Herminia, cuéntame un poco sobre ti.
Herminia: Tengo 37 años, y nací en Ronda. Mi padre es de aquí, de Benaocaz, y al final, todos hemos rematado aquí. De pequeña ya me encantaba el campo, me gusta mucho. Veníamos aquí siempre los fines de semana, las vacaciones… Mi marido es de aquí y mis hijos han nacido ya en este pueblo.
¿Qué ganado tienes?
Herminia: Tenemos la oveja Merina de Grazalema y la cabra Payoya. Aproximadamente entre 80 y 90 ovejas. Actualmente tenemos menos cabras porque no podíamos vender la leche por el confinamiento y tenemos ahora 60 cabras.
Ordeñamos las cabras desde que empiezan a parir, en enero-febrero, hasta que, en agosto, le echamos los machos porque ya notamos que van a menos de leche, y dejamos de ordeñar en octubre-noviembre porque ya apenas tienen leche. Ordeñamos a mano.
Cuando a las ovejas les quitamos los borregos también comenzamos a ordeñarlas, mañana y tarde.
¿Quién se encarga del ordeño?
Mi padre. Porque por las mañanas, yo me podía venir temprano, pero ahora con los niños tengo que dejarlos en el colegio y no puedo estar aquí antes de las 9.
Mi marido se ha criado con cabras y vacas, y ahora está trabajando en otro lado, pero mi cuñado sigue con la ganadería que tenían ellos.
Yo vengo del mundo ganadero. Mira, la foto que me hicieron con la mejor vaca que teníamos nosotros, y era chica, mi mundo siempre ha sido esto. Me he criado con animales de todo tipo, con todo lo que hemos tenido.
¿Tus abuelos también se dedicaban al ganado?
Allí hay unas fotos de ellos… Mi abuelo siempre ha tenido cabras y ovejas. Mi padre de chico, era el cabrero, y un tío mío se iba con las ovejas… siempre con el ganado. Mi abuelo con bestias y mulas, también.
Siempre hemos estado vinculados al campo y al ganado
¿Y tu madre?
Mi madre es de Algar, se vino aquí a los diez años. Mi abuelo materno era albañil.
Mi padre y sus hermanos siempre han estado trabajando en otras cosas. Mi padre estuvo durante un tiempo trabajando en Madrid y en Barcelona. Aquí siempre estaba mi abuelo con los animales. Cuando mi padre se vino a Ronda, ayudaba a mi abuelo y se quedó él. Mi padre es policía y se dedicaba también a sus cabras. Llegamos a tener hasta 70 vacas, una piarita buena.
Me acuerdo de cuando mi padre salía a las diez de la noche corriendo después de comer, para venir aquí en época de paridera. Tenía que ver que los chivos mamaran, que todo estuviera bien, y a las doce de la noche irnos a casa porque él a las 8 de la mañana entraba de servicio otra vez y yo al instituto. Fue policía en Ronda. Mi padre se ha criado con esto, y si lo metes en una ciudad se acabó. Este jueves cumple 74 años, pero no aparenta la edad que tiene, está muy ágil.
¿Y tú?
Yo soy peluquera. No sé si en un futuro seguiré enredá en los pelos o aquí con el ganado. La peluquería es mía. No sé qué pasará. Creo que no me moriré con los pelos, pero no sé cómo vamos a estar aquí porque nada más que te ponen trabas…
¿Qué es lo que haría que no siguieras con el ganado?
Nosotros estamos aquí todos los días, te sacrificas trabajando, ves nacer a los animales, los crías y los vendes. Pero luego, llegas a un bar y te piden por una pata de cordero lo que no has cogido tú por el borrego… lo mismo pasa con la leche, los precios están tirados.
No se pone en valor lo que lucha el ganadero por sacar las cosas adelante. Son muchos días de frío, de problemas…
Herminia no puede evitar emocionarse hablando de esto. Para ella el campo y sus animales son una parte muy importante de su vida, tiene un vínculo muy especial con ellos.
No se pone en valor lo que lucha el ganadero por sacar los animales adelante
Mira, este año teníamos una cabra de las mejores, criada por nosotros, muy noble, y una mañana se murió y lo pasamos muy mal. Estamos aquí luchando todos los días, pero luego ves que no se corresponden las cosas con todo nuestro trabajo.
Otros años, que ha llovido mucho, ese corral lleno de cercas, las ovejas criando los borregos y venga agua, que nos ahogamos aquí… aquí cuando llueve, llueve tela. Me da dolor criarlos y luego verlos montados en el camión, no lo puedo evitar. Se va una parte de mí y de mi trabajo.
Mira, aquí mi padre hizo un corral para que nazcan los borregos aquí y tengan un resguardo con el techao y los árboles. Son muchos desvelos…
¿Y la rentabilidad?
Herminia: Esto nos gusta, nos hemos criado aquí, es nuestro delirio. Luego la rentabilidad no luce. Como se ha puesto el pienso y como está todo, no podría vivir solo de esto.
Si te pones, con lo que tienes que pagar… nosotros nos hemos adaptado al terreno que tenemos, pero si metes todos los gastos, no se le saca un buen sueldo.
Que te gusta más… ¿la peluquería o los animales?
El campo, vamos, no me lo pienso. Estás en la naturaleza, esto a mí me da vida.
A mi me gustaría que mis niños pudieran seguir aquí, pero como están las cosas, te digo que el día de mañana no los quiero aquí.
El campo nos gusta, nos hemos criado aquí, es nuestro delirio
¿Qué preferirías para ellos?
Que estudien y a volar, donde ellos sean felices. Que no, pues aquí nos quedaremos. Yo le he dicho muchas veces a mi padre, la nave, que está ahí, le meto dos patás y le hago una venta que no veas, y los cabritos y los borreguitos los vendo yo en la nave, en los platos, pero nuestros, y le sacamos nosotros el provecho.
Has pensado entonces en crear algo relacionado con la venta directa y el turismo rural.
Sí, para el futuro de mis niños, si ellos no quieren estudiar, sí. Si ellos quieren claro. Mi marido dice que estamos en el sitio perfecto para poner una granja-escuela y que vengan visitas de colegios para ver el campo y conocer los animales y el trabajo que se hace en una ganadería. Es una opción en la que hemos pensado.
Mi hermana viene aquí y le encanta, estudió enfermería, trabaja en Ronda. Mis sobrinos igual, también disfrutan mucho cuando vienen. Pero como están las cosas así en el campo, no se puede estar. Yo se lo digo mucho a los niños de Benaocaz, ustedes a estudiar, que el campo es precioso, pero es muy sacrificado y hay que estar pendiente las 24 horas del día. A las 7 de la mañana estás aquí, y a las diez de la noche, y viene una feria, pues tenemos que estar. Bueno para San Blas, intentamos acabar antes y nos vamos… [se ríe]
Herminia nos cuenta las condiciones del campo: el frío, la lluvia, el manejo de los animales…
Creo que la gente sí valora el producto, pero no se ve el trabajo que hay detrás.
¿Tú crees que la sociedad sabe en general lo que hacéis?
Yo creo que no. No está nada reconocido. Ya me dirás, si el mundo rural se para, la comida de dónde sale… la carne, la leche, las lechugas…. Con el confinamiento se dio cuenta mucha gente.
Entra su hijo mayor, Cristóbal. Nos cuenta que de mayor quiere ser policía como el abuelo y en los ratos libres cabrero.
Este se ha criado aquí, el chico menos, pero este aquí desde siempre.
Si el mundo rural se para, la comida… ¿de dónde sale?
¿Salen los animales al campo?
Sí. Por la tarde las recoge mi padre para que no duerman por ahí. Ahora el parque tiene cabras montesas, jabalíes… y está entrando un jabato ahí abajo y me da miedo por los borreguitos.
¿Qué tal con el parque natural?
Todo esto es parque. Regular, no dejan hacer nada. Si pones una malla, tiene que ser como ellos te digan… para cualquier cosa encuentras muchas pegas. El otro día, por ahí venían dos cabritas montesas, y tienen sarna, y aquí hay una ganadería de cabras. ¿Quién controla eso? Si la cabra mía coge la sarna, ¿la tengo que matar yo?
Los jabatos lo mismo, ya están cruzando los venaos la carretera para abajo y metiéndose en terreno de las vacas. Y sanitariamente es un riesgo. Y nosotros porque lo tenemos todo cercado, pero las de mi cuñado que las mueve más, comen en los mismos sitios que las otras, supone un riesgo muy grande. Y los perjudicados somos siempre los mismos, los ganaderos.
Cristóbal, interrumpe nuestra conversación. Nos cuenta acerca de lo que hace una chivita. Herminia le pregunta qué chiva es si la Carmen o la Azucena. En esta casa todos los animales tienen nombre.
Herminia: Juan, cuenta qué has hecho a las borregas, anda…
Cristóbal es más bueno, Juan, el chico, es más travieso. Aquí están mejor que en cualquier lado.
¿Cómo hacéis con la alimentación?
La paja nos la traen por aquí…. Compramos el pienso en Prado del Rey, un almacén de piensos, otras veces en la Cooperativa de El Bosque. No sembramos.
¿Los animales están a tu nombre?
Sí, yo soy la titular.
¿La leche a quién se la vendéis?
A una central de aquí cerca, que hacen queso. Se llama Quesos de Ubrique. Nosotros le decimos el Merino.
Quesos de Ubrique es operadora autorizada del Logotipo Raza Autóctona 100% PAYOYA por la Asociación de Criadores de raza caprina Payoya. La presencia de este logotipo permite a los consumidores conocer, en este caso, si el queso procede de animales de la raza caprina Payoya.
¿Y cómo la pagan?
Pues como todo, como hemos hablado.
¿Os habéis planteado usar ordeñadora?
Yo muchas veces lo he pensado, pero mi padre dice que no, que él está aquí y que se apaña. No tarda tanto con las cabras, con las ovejas se entretiene más, pero te digo que a las once de la mañana está todo ordeñado. Suele echar dos horas, cosa así.
¿Y la sanidad?
Estamos al día y va todo muy bien. Hacemos tuberculosis, lo tenemos todo controlado.
¿Tenéis aquí agua y luz?
Agua sí, luz no porque fuimos a ponerla hace unos años y nos encontramos con miles de trabas para hacerlo. Estuvimos haciendo papeles, y viendo todas las trabas que nos pusieron, nos echamos para atrás. Así que no tenemos luz.
¿Vivirías aquí si tuvieras luz y más facilidades?
Sí, yo podría vivir aquí perfectamente. Mejor que en el pueblo.
Las vacaciones nos veníamos aquí con mis niños, más felices que una perdiz, sin luz.
Aquí hemos llegado a estar diez personas con mis abuelos y mis tíos. Éramos más felices… me acuerdo cuando bajamos a ver la final del primer Gran Hermano al pueblo, porque aquí, no teníamos televisión y veíamos hasta los anuncios, nos gustaban y todo… [se ríe]
Desde que nació mi hijo el mayor es verdad que ya no pasamos tanto tiempo, pero antes desayunábamos, comíamos, todo aquí. A mi casa iba por la noche. Hemos hecho la vida aquí.
Estoy toda la mañana aquí después de dejar a los niños en el colegio. La peluquería me la organizo bien, concentro las citas.
¿Y el agua?
El agua es de la red del pueblo, no tenemos pozos. Lleva ya muchos años puesta.
¿Habéis hecho queso alguna vez?
Sí, pero para nosotros.
¿Cómo llevas el tema del papeleo?
Yo hace tiempo que lo hago todo por ordenador.
¿Y con las inspecciones?
Los veterinarios que tenemos en la OCA que conocemos desde hace mucho tiempo, nos ayudan y nos recuerdan todo lo que hay que hacer, están pendientes.
¿Crees que se le exige mucho a la ganadería en comparación con otros sectores, por ejemplo, con los saneamientos?
Eso hay que hacerlo sí o sí, es salud pública, lo que producimos va a consumo humano. Tiene que estar al dedillo.
¿Cómo ves el futuro de la ganadería?
Tendrá que seguir. Si no… ¿Qué vamos a comer? Siempre habrá gente que estemos aquí, en el campo… ¿comeremos entonces hamburguesas hechas en impresoras 3D?
¿Hay relevo en tu pueblo?
Sí, por ejemplo, mi padre me tiene a mí, otro conocido que está a punto de jubilarse tiene a gente contratada porque sus dos hijas no seguirán, mi cuñado no tiene quien le siga, y a mí si esta gente quiere, sí…
¿Quieren los jóvenes quedarse en el campo?
Yo creo que no. Yo para mis niños no quiero esto, me gustaría sí… pero es que me gustaría que estuvieran mejor que mi padre, mi cuñado, mi marido, yo… mejor que estamos todos.
¿Estás las asociaciones de las razas autóctonas?
Sí, formo parte de la Asociación de Criadores de ganado caprino de raza Payoya y de AMEGRA, Asociación de Criadores de la raza ovina Merina de Grazalema. Creo que hacen cosas. Ellos difunden y promocionan, así se escuchan nuestras razas y se conocen. Son razas que están en peligro de extinción y necesitamos que se conozca la importancia y el valor que tienen.
Herminia es consciente del lugar que habita, y sus palabras destilan un amor y un vínculo con el campo muy grande. Ha sabido transmitir a sus hijos el amor por los animales y el campo como su padre y su abuela hicieron con ella.
Fotografías
- Herminia con sus chivas Payoyas.
- Herminia de pequeña con la vaca de su familia.
- Los hijos de Herminia.
- Herminia con sus ovejas Merina de Grazalema.