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I nés Gallego es la tercera generación de la ganadería familiar, vive en Guadalcanal, en la Sierra Norte de Sevilla. Es hija de un ganadero y, aunque vivió en la ciudad durante cuatro años para completar sus estudios como masajista, decidió volverse al pueblo porque, según ella, le ofrece una mayor calidad de vida. Hace ya siete años que empezó a trabajar en la ganadería junto a su padre y su hermano. Es madre de dos niñas pequeñas y su marido también se dedica al campo. Cuentan con un olivar, una parte de ellos ecológicos. En el campo y en el pueblo vive feliz, con el sentimiento de que ha encontrado su sitio. De pequeña vivía con sus padres en la finca que linda con la suya, llamada El Porrillo, de ahí que en el pueblo los conozcan como los Porrilleros. Toda su familia paterna se dedica a la ganadería con ganado ovino y porcino. Pertenece a las asociaciones: ADS Sierra Norte y la de Ibérico. 

Mi padre lleva toda la vida intentando trabajar por la pureza de la raza Merina

Actualmente, tienen dos fincas en propiedad, ambas pertenecen al parque natural. La finca de su padre y algunas cercas arrendadas a sus tías, en total 400 hectáreas; y una finca en Alanís. El ganado cuenta con 800 cabezas de oveja merina, ibérico (cerdo: casi 400 animales, no hacen el ciclo completo de cría, hacen el proceso de cebo con montanera, una con cebo y otra con bellota) y vacas charolesas y limusinas (han comenzado a trabajar con las vacas hace poco tiempo, tienen 46 cabezas de vacuno).

En el campo cada día se aprende algo nuevo

Sentadas en la casa donde ha vivido siempre, Inés nos señala el patio donde aprendió a caminar. Nos cuenta que ha crecido entre animales y que siempre era la primera en subirse al coche para la transterminancia a la campiña de Sevilla, pero aún así sigue aprendiendo, porque «como siempre lo has tenido sabes cómo son las cosas, pero desconoces el por qué son así». Dice que la vida como ganadera es un aprendizaje continuo, que no importa el tiempo que lleves dedicándote al oficio que siempre hay algo nuevo cada día «aunque todos los días hay que hacer las mismas cosas: echar de comer al ganado… siempre te encuentras con nuevos retos».

¿Cómo fueron los inicios de la ganadería?

Inés: Mi abuelo paterno compró esta finca cuando mi padre tenía diez años y desde entonces está mi padre aquí trabajando. Mi abuelo tenía muchos problemas de pulmón y enfermó joven. Vamos, prácticamente ha sido mi padre el que ha tirado siempre de esto. Él y su hermano pequeño fueron los que heredaron la finca.

Se casó con mi madre cuando ella tenía 19 años y desde entonces ha estado aquí también, además es titular de algunas ovejas. Mi padre ordeñaba y mi madre hacía los quesos. Así que mi padre no quiere ni ver una cabra, porque dice que la cabra da mucho más trabajo.

¿Por qué se fueron al pueblo?

Porque antes eso era así, la gente se iba al pueblo, aunque tuviese campo. Eso cambió en la pandemia.

La madre de Inés, Encarnación Espino nos dice que antes de casarse no estaba acostumbrada a hacer cosas de la casa «no sabía ni poner la cafetera, si le echaba el agua no había echado el café. Venían los cazadores y no podía ni servirles café». A raíz de esta anécdota, hablamos con ellas de la cacería, nos cuentan que llevan cuatro años siendo coto de caza.

¿Cómo alimentáis a vuestros animales?

En Guadalcanal hay dos fábricas que son las que nos surten. Hay una de COVAP y otra que lleva toda la vida aquí. El forraje casi todo lo hacemos nosotros en el olivar de Alanís, donde tendremos casi cuatro mil olivos de aceite. Las aceitunas las llevamos a la cooperativa de aquí del pueblo. Y en esta finca también hemos sacado muchas alpacas por parcelas, lo que pasa es que no se siembra todos los años. Esta primera parcela se sembró hace cuatro años cuando se sacaron las primeras alpacas y necesita un año para regenerarse.

¿Tenéis agua y luz en la finca?

Tenemos dos pozos y dos veneros que surten las dos parcelas de los extremos, pero agua de la red no tenemos. Para la luz tenemos placas solares, aunque hace tiempo que llegó la red eléctrica aquí, nosotros no la cogimos por las placas y nos va bien. No podemos poner electrodomésticos de resistencias, así que seguimos utilizando la candela y mantitas. Aunque este va a ser el año que lo pase entero en el campo. Yo he vivido aquí desde pequeña, pero nos compramos la casa en Guadalcanal y hemos pasado todos los inviernos aquí. Ahora mi padre ha hecho la piscina para que no nos movamos de aquí.

Inés es la mediana de tres hermanos. Su hermano pequeño se dedica a la ganadería desde siempre, ayudando a su padre. Aunque cursó sus estudios, decidió quedarse también en el campo, a día de hoy es uno de los principales apoyos para Inés. Su hermana mayor también quiere incorporarse al campo, trabaja en el sector de la restauración y ahora le apetece cambiar.

En Guadalcanal hay un vínculo especial con la ganadería

¿En Guadalcanal se dedica mucha gente a la ganadería?

Casi todo el mundo está vinculado de alguna forma a la ganadería. Y cada vez se está incorporando más gente joven, quizás no la suficiente pero sí que es cierto que hay muchas incorporaciones, quien no tiene un padre ganadero tiene un abuelo.

¿Tenéis personal contratado?

Sí, una persona. Tuvimos a un trabajador fijo durante diez años que por asuntos personales tuvo que mudarse a Cazalla. Ahora estamos intentando buscar a alguien que esté fijo todo el año. Pero no es fácil encontrarlo.

¿Crees que el trabajo del campo es duro?

Yo no lo veo duro, es verdad que es un trabajo muy físico, hay que pasar mucho tiempo al sol, hay que tener mucha fuerza… Pero yo no lo veo duro, a mí me gusta mucho. Hay que esforzarse, pero ese esfuerzo se compensa sabiendo que trabajas lo tuyo, pasando tiempo en la naturaleza, disfrutando con la familia al aire libre…

No veo duro el trabajo en el campo porque me gusta mucho y el esfuerzo compensa cuando sabes que trabajas lo tuyo

¿Por qué crees que alguien sin vinculación al campo no quiere incorporarse?

La verdad es que no lo sé, porque al final cuando se meten a trabajar dan su jornal entera de una vez, no tienen jornada partida y cuentan con la libertad de tener toda la tarde libre. Tienen su sueldo fijo todos los meses… Pero no sabría darte un motivo de por qué no quieren incorporarse. Cuando es tuyo sí que es diferente, porque el ganado no lo puedes dejar solo ningún día.

¿Utilizáis maquinaria en el campo?

Un tractor, motosierras y poco más… Las manos [afirma con una sonrisa].

¿Por qué no te quedas a vivir aquí durante todo el año?

Por las niñas. Porque cuando yo era niña terminaba mi colegio y la tarde la pasaba aquí, pero hoy en día no damos abasto con las extraescolares.

Yo de momento no me veo tomando decisiones, estoy perdida en esas cosas todavía, confío en mi padre

¿Actualmente eres la titular de la ganadería?

Este año acabo de solicitar la ayuda de la incorporación. Tiene mucho papeleo, pero yo lo tenía todo arreglado, apenas he tenido que marearme. Mi padre me ha cedido a mí la ganadería, el olivar se lo ha quedado él y mi hermano tiene la finca de Alanís con su ganado. Las decisiones las sigue tomando el patrón, que es mi padre, yo todavía estoy perdida… En cuanto a decisiones propias, yo quizás limpiaría más los bebederos, las naves… pero la verdad es que no tengo tiempo.

¿Cómo lo hacéis con la comercialización del ganado?

Pues vendemos todo a cebadero. Los cerdos se los lleva un comprador que los sacrifica y los vende. Otros años hemos sacrificado nosotros y hemos hecho las chacinas, los jamones y todo… Pero haciéndolo como lo hacemos ahora lo tenemos cubierto.

Antes vendían sus productos en la feria de muestras de Guadalcanal, pero la feria dejó de hacerse. Ve este tipo de evento como algo muy positivo para el productor, porque en estas ferias tienen la oportunidad de conocer a los clientes y ofrecer sus productos.

Para apreciar lo tuyo muchas veces tienes que irte, que te pase algo, echar de menos… Y así valorar lo que una tiene

¿Has pensado alguna vez en la venta directa?

Pues lo pienso y me gustaría, pero la verdad es que no puedo hacer todo a la vez. Porque no me da tiempo de cuidar el ganado y de tener al día todos los papeles que tenemos que tener, como para meterte en otra cosa.

Lo malo es que nos quedemos sin agua

Hablamos también del gran problema que supone la sequía para el campo. Nos cuenta que en Cazalla hay camiones de bomberos que tienen que ir a suministrar el agua a las fincas a principios de julio, que eso ocurrió a finales de verano el año anterior, pero a principios es muy preocupante. «Como cada año vamos a menos… Llegará un año que nos quedemos sin nada.».

¿Has pensado en el turismo rural?

Estamos en ello. Arreglamos una casilla que íbamos a dedicar a eso y la tenemos alquilada; queremos mirar ayudas para un cortijo antiguo que nos gustaría arreglar para turismo.

A pesar de ser un tema que a Inés le atrae mucho, considera que el turismo rural también es complicado en su finca. En primer lugar, teme quedarse sin agua; y, en segundo lugar, piensa en la gente que no cuida el campo, y que estos pueden traerle problemas y conflictos. Cuando le preguntamos si piensa que el futuro de la ganadería está en el turismo rural nos dice que no le gustaría que fuera ese el futuro de su finca. Pero al mirar cómo está la alimentación hoy en día (cada vez hay más gente que come menos carne) y el cambio climático, los cambios de precios, falta de lluvias…puede que sí, que ese sea el futuro o dejar quizás las cabezas necesarias para producir y comercializar y que mantengan la finca.

No vemos a las mujeres, siempre las hemos visto en casa, llevando los papeles…pero hoy en día hay cada vez más mujeres en la ganadería

¿Te sientes discriminada siendo mujer y ganadera?

Compaginar campo y casa es complicado, pero discriminada no. No me siento discriminada por nada ni por nadie. El año pasado empezó un trabajador nuevo, el día que lo conocí me dijo: Pero ¿tú trabajas aquí? yo pensaba que estabas de vacaciones echándome una manilla. Creo que la gente está más abierta a que las mujeres estén presentes en todos los sectores y nadie se asusta de ver a una mujer en oficios en los que antes solo se veían hombres.

¿Te gustaría que tus hijas se dedicasen a la ganadería?

A mí me gustaría que tuvieran su sueldo aparte de la ganadería. Si las cosas en este sector fueran a mejor, no me importaría. Pero viendo el panorama preferiría que se dedicaran a otra cosa, de lo que les guste. Si fueran profesoras mejor, porque así tendrían todo el verano para disfrutar de su campo.

Inés espera poder continuar viviendo de sus tierras y sus animales, haciendo lo mismo, «si nos dejan y podemos seguir luchando» El sector necesita, según Inés, aparte de la salud, precios más justos. Que se pague el producto como se debe y más lluvia, que lloviera todos los años seguidos.

Fotografías

  1. Inés con su hija pequeña y sus ovejas.
  2. Inés junto a su padre en la finca.
  3. Inés con sus ovejas en la finca.
  4. La hija de Inés paseando con sus ovejas.