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U bicada en La Carolina (Jaén) se encuentra la ganadería de Las Juntas, finca que actualmente pertenece a María Rodríguez Serrano casada con Andrés Belenchón. Los Belenchones es una familia muy conocida en el pueblo por realizar la trashumancia desde La Carolina a Teruel desde hace muchos años. María Rodríguez es una de esas tantas mujeres que, a la sombra de sus maridos, han participado y trabajado en la ganadería desde muy jóvenes. A pesar de que la ganadería era originalmente de ovino, por facilidad de manejo se cambió a vacuno. Su hija María Belenchón se incorporó a la ganadería en el año 2016, y tiene 60 vacas reproductoras, y también de razas foráneas.

Tendríamos que ser más conscientes de que todo nace de la tierra

Nos encontramos con ambas en una cafetería, ya que María Rodríguez hace tiempo que no va al campo, está más alejada de esa faceta de su vida. Actualmente, se dedica más a la pintura y a vivir más relajada. Ahora es su hija quien se dedica a la tierra y al ganado.

Empezamos con unas cuantas ovejas y fueron aumentando hasta el día de hoy

María Rodríguez había trabajado siempre en el campo, pero los trabajos que había desempeñado no estaban vinculados al ganado. A raíz de conocer a su marido, empezaron con una pequeña ganadería destinada al ovino y vacuno. A día de hoy, y debido a la enfermedad de Andrés, han tenido que prescindir de las ovejas por la facilidad de manejo que, según ellos, da el ganado vacuno. Al ser una familia trashumante pasan medio año en Teruel y el otro medio en La Carolina.

La ganadería familiar tiene cerca de 85 vacas. Actualmente viven en Guadalaviar pero pastorean en Orihuela del Tremedal, a veinte kilómetros.

¿En qué año decidiste incorporarte?

María B.: Me incorporé en 2016, cuando nació mi hija Andrea. Lo hice porque yo me he criado siempre rodeada de ganado, mi padre ha tenido ganadería toda la vida, pero ellos me dieron la opción de salir fuera y trabajar en otra cosa. Estuve desempeñando diferentes trabajos en Jaén, pero lo cierto es que el trabajo era bastante inestable. Entonces, cuando mi padre empezó con el problema de corazón me di cuenta de que ellos necesitaban mi apoyo y también de que me gustaba esta vida, así que me incorporé.  

Ahora, además de las ochenta vacas de la ganadería familiar también tengo unas sesenta y ocho mías.

Yo sabía qué es lo que me tocaba afrontar

¿Qué pensasteis cuando vuestra hija os dijo que se quedaba con la ganadería?

María R.: La mejor alegría que nos pudo dar. Sí es verdad que antes hablamos con ella e intentamos abrirle los ojos y que viese bien la realidad de las cosas. Le dijimos que esto era muy duro y que no era lo que había vivido siendo niña. Que ella hasta ese momento había terminado su jornada el viernes y cerraba hasta el lunes siguiente. Aquí no se cierra, aquí si quieres días libres los tienes que pagar, buscar una persona que lo haga por ti y muchas veces es complicado encontrar a esa persona.

María B.: Pero yo eso ya lo había vivido de mis padres. Yo ya sabía el sacrificio que supone tener animales. Era consciente de que cuando decidí ser ganadera a mí las cosas no me iban a venir de nuevas, yo sabía dónde me metía.

Además, mi niña es muy feliz en el campo. Ella me acompaña en la trashumancia siempre. El primer año que lo hizo tenía dos años y medio. Y aunque ella vaya en el coche, toda la tarde la pasa conmigo en el caballo. Ella sí que es una auténtica ganadera.

María R.: Va en el coche con su libretita para apuntar todos los becerros que nacen, apunta todos los números que tienen los animales en las orejas y me hace preguntas de todo tipo.

El día que se acaba la vereda siento pena

¿Cuántos días estáis de trashumancia?

María B.: Veintiséis o veintiocho, según. En primavera puede que tardemos un poco más porque paramos en algunas zonas para que los animales descansen, porque hace calor, para que no se aspen… Eso si podemos, porque si tenemos el ganado detrás no podemos hacerlo.

Les preguntamos si no les resulta complicado orientarse en los caminos, pero nos cuentan que siempre hacen el recorrido por la Cañada Real y que al final no es tan difícil, que después de hacerlo tantas veces es mucho más sencillo. María Belenchón nos cuenta que ella ya había hecho la trashumancia de pequeña, pero que a lo mejor echaba solo el fin de semana o algunos días más y que hasta que no cumplió los dieciséis años no la hizo entera. Desde su incorporación la hace siempre entera y conoce el camino más que de sobra. «Es duro, no te puedo decir que no es duro… Y sacrificado. Pero es verdad que para mí no lo es, porque yo lo hago con gusto y me encanta hacer la vereda, yo me pasaría haciéndolo un mes más. Desconectas del mundo, tú estás con tus animales y ya está»

¿Tenéis muchos problemas al cruzar carreteras o ciudades? ¿Contáis con alguna ayuda?

María R.: Sí. También estamos en contacto con la Asociación Trashumancia y Naturaleza y ellos, antes de que salgamos, comunican a Madrid que vamos a empezar la trashumancia, notifican las fechas por los lugares marcados y van informando de nuestra vereda.

¿Notáis alguna evolución en cuanto a la concienciación sobre la trashumancia?

María R.: Sí, además hay trozos que han deslindado y están bastante limpios. Antes cuando lo hacía mi suegro, no había comunicación ni había teléfono… Ahora llevamos nuestros coches, nuestras tiendas de campaña, nuestras duchas… Vamos bastante bien dentro de lo que es hacer el camino. Además, de tantas veces que hemos hecho el camino, conocemos a mucha gente que vive por la zona, nos abren las puertas de sus casas y nos lavan la ropa.

María B.: Es una alegría poder darse una ducha todos los días durante el camino.

¿Os encontráis con problemas?

María B.: Sí, claro. Algunas cosas sí que nos pasan. Los tractores, algunos agricultores que siembran en la vía pecuaria… Hay invasiones de cortijos, de viñas, de pipas… Y claro, los animales comen de todas partes, ellos están en su terreno. Realmente los más conflictivos suelen ser los agricultores.

María R.: Sí, los agricultores son los más conflictivos. Nosotros pasamos una vez al año, pero ellos se aprovechan de la vereda todo el año1.

 

Les preguntamos si han valorado hacer el camino en camión, pero nos dicen que el coste sería mucho mayor, ya que necesitarían cuatro camiones para transportar a todos los animales que tienen actualmente. Ahora mismo solo necesitan un camión y sus animales hacen el camino disfrutando del paso y sin estrés. «Además, hay que pensar en el beneficio de la finca al llegar allí, porque si van caminando comen durante todo el camino, pero si no llegan comiendo a boca llena. Lo mismo que cuando nos vamos de aquí, estas fincas están seis meses recuperándose».

¿De dónde os sentís realmente?

María B.: A mí personalmente no me pueden quitar ninguno de los dos sitios. Porque tengo raíces en los dos. Allí se vive muy a gusto, todo es paz y no hay agobios. Pero aquí tengo a toda mi familia. A mí esto me tira mucho. También mi forma de vida ha sido siempre así, seis meses en un sitio y otros seis en el otro, entonces si yo cambiase esa rutina…

¿Y cómo lo haces con el colegio de tu hija?

María B.: Este año ha sido complicado para mi niña. Al principio se quedó con mi madre y yo me fui a hacer la trashumancia, pero claro entre que me echa de menos, que viene de allí de otro colegio con otros conceptos y otras historias… Hasta que se pone a la altura de sus compañeros, ella se agobia mucho y lo pasa muy mal.

 

Nos hablan de lo complicado que es todo a nivel administrativo en la ganadería. Lo difícil que resulta incorporarse debido a la burocracia que existe en el sector, los relevos generacionales y que la carga de trabajo les hace imposible gestionar todo esto ellas solas. «No te puedes imaginar la cantidad de pasos que tienes que dar para poder empezar cualquier proceso, a veces te entran ganas hasta de tirar la toalla». Piden que se les faciliten los procesos burocráticos, que son uno de los principales impedimentos a la hora de incorporarse. «Es un trabajo duro, como otro cualquiera, pero si encima te lo complican con todas estas gestiones. La gente joven sí puede manejarse mejor con los ordenadores, pero a nosotros… si nos dan un bolígrafo lo sacamos, pero con un ordenador es matarnos. Esto aburre a cualquiera.»

Los ganaderos estamos en peligro de extinción

¿Qué creéis que podría ayudar a la ganadería a seguir adelante?

María R.: Lo principal es el tema administrativo, pero son muy importantes también los precios. Yo preferiría que no me dieran ninguna subvención y que cada cosa tuviera su precio justo. Con la riqueza que tenemos en el campo y qué poco partido se le saca.

Todo en la vida nace de la tierra

¿Os habéis planteado alguna vez la venta directa?

María R.: Claro que sí, pero para eso tenemos que dejar de ser trashumantes. ¿Dónde te ubicas? Hay muchas cosas que no son compatibles con nuestra actividad. Hasta que la administración no se de cuenta de que la base principal parte de la ganadería y la agricultura no hay nada que hacer. Y si se dan cuenta en algún momento… Es que del campo parte todo, es la raíz de la vida.

¿Os ha perjudicado de alguna forma el hecho de ser mujeres?

María B.: A mí no, porque mi entorno nunca me ha discriminado por ser mujer… Cuando llega el tratante, a mí me trata igual que a mi padre. Me tiene mucho respeto. Hago el mismo trabajo de mujer que de hombre, si tengo que coger un saco de pienso lo cojo, que me cuesta más pues lo cojo en dos veces.

María R.: A mí tampoco, ni en conversaciones que haya tenido sobre el sector ni nada… A mí jamás se me ha discriminado. Ahora bien, siempre dice que no quiere tratar con nosotras porque somos más duras que los hombres.

No tenemos el título de veterinario, pero sí la práctica

¿Tenéis que atender muchos partos?

María B.: Sí, la semana pasada ayudamos a dos vacas. Tenemos unos fórceps que los enganchamos para hacer palanca. A veces tienes la suerte de que nacen con vida, pero otras te llevas la decepción de que no han salido adelante…Además siempre tenemos la ayuda de mi padre que es nuestro maestro. Nos enseña todo. Es verdad que a veces pierde un poco los nervios porque quiere que las cosas que se hagan como él lo ha hecho siempre, no entiende que una cosa se puede hacer de muchas formas. Cuando está él, lo hago como él dice, pero cuando estoy sola lo hago a mi manera.

Forman parte de Ganaderas en Red2, aunque antes eran mucho más activas. Aun así, se sienten muy respaldadas y apoyadas por la organización.

¿Cómo veis la rentabilidad de la ganadería?

María R.: De la ganadería se puede vivir.

María B.: Yo a mi hija le voy a decir que estudie, dice que quiere ser veterinaria. Pero esto siempre lo va a tener en la casa. Pero primero quiero que estudie. A mí me alegraría mucho que me dijese que quiere incorporarse, pero preferiría que estudiase algo antes. Que sea veterinaria y que luego tenga sus animales, que no sea esto su trabajo único.

Somos minoría, pero esta minoría está trabajando para que coma la gente de la ciudad

El marido de María Rodríguez nunca ha pensado en dedicarse a otra cosa que no sea la ganadería, pero ella siempre les ha dicho a sus hijos «vosotros volad, que esto va a estar aquí por si lo necesitáis». El hijo de María también va a incorporarse, ella siente que su hijo lo hace por ayudar a su hermana y guiado por su situación actual. Terminamos nuestro encuentro recalcando la importancia de valorar la profesión y que se reconozca el trabajo del ganadero.

Fotografías

  1. María Belenchón Rodríguez junto a su hija en Las Juntas.
  2. María Rodríguez y su nieta Andrea.

Notas

  1. Una cañada real debía tener una anchura de 90 varas castellanas (72,22 metros) y tenían la característica de ser trazados de muy largo recorrido (más de 500 km) y discurrir principalmente en dirección norte–sur con las lógicas limitaciones que impusiera la geografía. Con la regulación real, quedaba asimismo prohibido el recorte que realizaban comúnmente los propietarios de fincas colindantes mediante el movimiento de mojones.

    La red de vías pecuarias se completa con otras vías de menor anchura: cordel (de hasta 37.5 m), veredas (de hasta 20 m), coladas (menores de 20 m). En Navarra las vías secundarias se denominan pasadas y traviesas. (Fuente: https://turismogredosnorte.com/patrimonio-turistico/trashumancia/)

  2. Ganaderas en Red es un grupo de mujeres que han conseguido crear una comunidad y mantenerse unidas y en contacto gracias a las ventajas que aporta Internet. Con esta iniciativa, GER pretende reivindicar la igualdad en un oficio que ha sido considerado hasta el momento exclusivo de hombres.