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Isabel López Muñoz tiene tan solo 19 años, pero siempre tuvo claro que su vida estaría ligada al campo. De familia de ganaderos, lleva la finca La Aduana, en la Sierra de Loja. Es ganadera de la raza autóctona en peligro de extinción oveja Lojeña. Debe su nombre al municipio granadino de Loja, ya que es en sus sierras donde se ha desarrollado esta raza rústica. También se denomina Rabada o Rabuda de la Sierra de Loja, dado que mantienen la cola de los animales. En su rebaño también hay algunas cabras Malagueñas y Murciano-Granadinas.

Yo quiero un futuro aquí, en el campo

¿Cómo has llegado a ser ganadera?

Isabel: Pues igual que mis primos. Desde chiquitita he estado aquí. Siempre que teníamos un ratito libre íbamos al campo. Primero era para pasar la tarde. Luego, poco a poco, nos íbamos metiendo en la faena, haciendo tareas pequeñas, ayudando, y aquí estoy hoy, trabajando y siendo una más. Me gusta lo que hago, dejé de estudiar porque quería estar aquí. Creo que es muy difícil que vuelva a los estudios.

Las ovejas Lojeñas de Isabel están siempre de pastoreo en la sierra. En la nave nos enseña sus cabras, que también salen a pastorear.

¿Cómo organizáis el pastoreo? ¿Y la ganadería?

Mi primo y yo somos los que pastoreamos juntos. Aquí lo hacemos todo así, trabajamos todos juntos: mi tío, mi padre, mi hermana y mi primo. Somos cinco en el campo trabajando. Tenemos dos parideras al año: dos de ovejas y dos de cabras, aquí nos organizamos por lotes.

Isabel nos cuenta que no han tenido ningún problema sanitario hasta ahora, y que alimentan al rebaño mediante el pastoreo y suplementan con grano y alpaca, que compran en la zona. Disponen de un motor para la ordeñadora, ya que no tienen electricidad. No tienen personal contratado, cuando le preguntamos acerca del tiempo que echa cada día, sonríe y confiesa: «Aquí se trabaja desde que sale el sol hasta que se esconde, vamos, estoy aquí todo el día». El agua que usan la almacenan en los aljibes, una construcción árabe que es un depósito grande, generalmente suele ser bajo tierra, para recoger y conservar el agua, especialmente de lluvia. En la finca tienen una casa pequeña, con una chimenea, para poder comer y descansar cuando toca.

¿Cómo te desenvuelves en tu día a día?

Muy bien, yo sé manejar hasta el tractor. Tengo mi carné, también el del coche.

Isabel es la tercera generación de la ganadería Los Civiles. Junto al resto de la familia llevan diferentes fincas dedicadas a la ganadería en extensivo. Tres generaciones ligadas a la tierra y a los animales. Toda su vida se han dedicado al campo, a veces compaginan la ganadería con la recogida de la aceituna, los espárragos o el tomate. Sus animales no están en ecológico, pero Isabel es una de las criadoras que forma parte de ACROL, la Asociación de Ganaderos Criadores de la raza ovina Lojeña del Poniente Granadino, organización de criadores de pura raza, sin ánimo de lucro, cuyo fin es la defensa, promoción y difusión de la raza ovina Lojeña.

¿Qué sacáis de la ganadería?

Leche, chivos y borregos. La leche de cabra a Raylech y a García Baquero. Los chivos y borregos a un intermediario.

¿Habéis pensado en venta directa o en el comercio local?

No. La verdad es que está todo tan descontrolado con el precio de los productos… Lo que tenemos que comprar es muy caro, y lo que sale de aquí… No miran por nosotros, deberían hacerlo, no nos llega, es que no es rentable. Un año más así y no sé qué haremos.

¿Habéis contemplado la opción de turismo rural o de una quesería?

Pues no lo pensamos porque no hay tiempo. Estamos aquí intentando levantar nuestra ganadería, buscando trabajillos por otros lados para sacar dinero y poder seguir adelante.

Isabel no solo ha sido ganadera. Ha trabajado, como su familia, en una cooperativa en las campañas del tomate y el espárrago y también en la aceituna. Está tanteando la idea de formar parte de una Asociación de ganaderos de pastos de Loja y Alhama, que está dentro de UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de España).

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Pues me gusta todo. Pastorear, pero también estar en las naves y cuidar de los animales. Ordeñar, dar de comer, me gusta todo mucho. Lo que menos me gusta… [se ríe, pensando, porque no le viene nada que no le guste, y sugerimos alguna tarea como sacar el estiércol]. Bueno sí, sacar el estiércol es tal vez lo más latoso.

Somos nosotros, el sector primario, el que da de comer, pero no se nos da valor

¿Piensas que tu trabajo está reconocido?

No, creo que la gente no sabe realmente todo lo que se hace en el campo y lo que supone. Se creen que sí, pero si vieran todo lo que hay que hacer y lo que conlleva… es muy importante lo que hacemos, somos nosotros, el sector primario, el que da de comer, pero no se nos da valor. Siento que nos lo ponen muy complicado.

¿Por qué?

Por los precios, porque no llueve… todo es complicado.

¿Tú eres consciente de que tu función es importante?

Sí, pero no me siento reconocida ni protegida por la sociedad ni la administración.

¿Qué necesitarías para sentirte valorada y reconocida?

Que miren más por nosotros. Que den valor justo a lo que producimos, que pongan el precio real a las cosas.

¿Y por ser mujer?

Me siento igual, quizás discriminada en algunos sentidos, pero me siento igual que mis hermanos varones.

Necesitamos que den valor y precio justo a lo que producimos. Que miren más por nosotros

Isabel nos cuenta que son el padre y el tío los que toman las decisiones de la ganadería. Ella y sus primos comparten lo que piensan, dan ideas acerca del manejo y la ganadería, pero son ellos, nos reconoce, los que se entienden.

Yo quiero un futuro aquí y que mis hijos fueran la siguiente generación que trabaja en la ganadería

Tú que has estado toda tu vida con el ganado. ¿Ves mucha diferencia con la vida de antes?

Sí, siento que vamos a peor. Me encantaría tener mi futuro en el campo. Cuando tenga novio, o un bebé, siempre he pensado que estará aquí conmigo. Siempre nos reímos pensando en la crianza, en tener al niño aquí atado conmigo mientras ordeño. Nuestra familia siempre nos dice que aquí nosotras no podemos faltar. Y yo quiero un futuro aquí y que mis hijos fueran la siguiente generación que se hiciera cargo de la ganadería, pero por el camino que vamos…

Isabel y su familia se llevan bien con internet. Los papeles los lleva la madre, todos los papeles, afirma. Cuando están de pastoreo en la sierra hay poca cobertura, Isabel y sus primos conocen los lugares donde llega la red y ahí van cuando necesitan usar el teléfono.

Hablar con Isabel trae luz y esperanza. Una joven ganadera trabajadora que quiere quedarse en el campo y seguir haciendo el trabajo que empezó su abuelo con la ganadería familiar. Ella es el claro ejemplo de tantos jóvenes que decidieron tomar el relevo y quedarse en el campo, luchando cada día por seguir dedicándose a lo que más le gusta: la ganadería.

Fotografías

  1. Isabel con su rebaño de ovejas Lojeñas.
  2. Isabel en el corral con dos cabritos.
  3.  Isabel con sus ovejas de pastoreo en la sierra.