Nos encontramos con Judit García Romero propietaria de dos fincas Fuentezaos Las Palmeras con 49 hectáreas ubicada en Jabugo (Huelva) y en Las Zafras, El Jabugar con 73 hectáreas ubicada en el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Hablamos con ella en su finca de Fuentezaos, donde tiene su casa, que era donde antiguamente su padre ordeñaba las vacas. Judit valora mucho la tradición, conservar las costumbres y las tradiciones de su pueblo, muy ligado a la producción del ibérico y a la matanza. Su ganado es porcino y vacuno. Ganó el 3er premio a las Mujeres Innovadoras en la Agricultura de la Diputación de Huelva por su proyecto animal «IBÉRICOS FELICES. Apadrina un guarrino».
Dedicarme al campo es una forma de no perder mi infancia
¿Cuántas cabezas de ganado tienes actualmente?
Judit: Cerdos tengo aproximadamente 100 de distintas edades, con ellos solemos hacer apadrinamientos y tengo vacas de carne para sacar terneros, que los vendo con 200 kg. Las vacas son mestizas, los toros son de raza Limusina y las vacas Limusina mezcladas con Berrenda en Colorado y Retinta, incluso algunas mezcladas con vacas de leche antiguas de mi padre. De vacuno, tengo 21 madres. En porcino, hago el ciclo completo: tengo 4 madres y un macho, estoy reducida por tema de cercanía y medidas porque no puedo tener 5 reproductores por cercanía a la majada.
Sus vacas están en extensivo, por lo tanto, ahora mismo no tiene que darles de comer, ellas se valen con la comida que da el campo. Solo se encarga de ir a ver que estén comiendo bien, que tengan agua suficiente. Para comer, parcelan la finca y las van pasando a diferentes cercas.
Tu padre era ganadero ¿verdad?
Sí, mi padre ha sido ganadero. Él tenía unas fincas con sus hermanos. Eran tres hermanos, dos trabajaban en el campo –mi padre y un hermano más– y el otro llevaba los papeles. Y yo iba con mi padre a todo, ordeñaba las vacas con él y siempre que podía le acompañaba al campo. Él tuvo gallinas, cerdos, vacas de carne y de leche. Nosotros quitamos las de leche por la normativa sanitaria que acabó con todos los ganaderos pequeños (otra de las normas absurdas que se pusieron)… Hay una disminución de ganaderos pequeños enorme. Pedían unos requisitos sanitarios que un pequeño ganadero no podía permitirse económicamente, no se facilitó el poder dejar la leche en una cooperativa.
Algunos pierden y otros ganan
Hablamos del problema de las grandes explotaciones frente a pequeñas ganaderías. Judit nos cuenta el cambio que ha experimentado su ganadería a como lo hacía su familia: su abuela vendía la leche en el pueblo. Nos habla de que las normas sanitarias se hacen de manera global, no local.
¿Siguen tus tíos con el campo?
Un hijo de cada uno se ha dedicado al campo. Nuestros padres partieron las fincas en tres partes.
Judit vivió su infancia en Jabugo. Estudió terapia ocupacional y se fue a trabajar a Granada, donde conoció a su marido y pasó cuatro años, allí tuvieron a su hijo.
Los primeros años hasta nos conocían en la OCA, a nosotros y al niño, porque no dábamos abasto
¿Por qué te volviste de Granada?
Porque mi padre se jubiló y ninguno de mis hermanos quería campo. Somos dos hermanos y dos hermanas, pero cada uno tiene su trabajo. Nosotros teníamos una situación en la que, aunque estábamos trabajando, tampoco estaba tan bien pagado como se debe. Era un poco precario por decirlo de alguna forma. A mí personalmente me encantaba la idea del campo porque me había gustado toda mi vida. Nos vinimos y probamos, no nos daba miedo probar. Es verdad que el principio fue duro, porque nos vinimos con un niño de tres meses, con una ganadería que no sabíamos cómo llevar… Mi padre había sido ganadero, pero detrás de la ganadería hay mucho papeleo: veterinarios, oficina comarcal, permisos… Entonces, los dos nos pusimos mano a la obra y nos hicimos esta casa.
Judit nos cuenta que en la finca, una de las viviendas se alquila a una asociación para hacer terapia emocional.
¿Tenéis luz y agua?
Sí, bueno en una misma finca no puedes tener dos contratos, así que mi madre nos da la luz. Por aquí pasa la línea de luz y de agua que va para el pueblo, las aguas residuales también. Internet tenemos por satélite y cobertura también. No tenemos problemas de comunicación, por aquí también pasa la carretera nacional. Estamos a dos kilómetros de Jabugo.
Mi padre estaba contento de que yo me viniese al campo, pero llegó a decir: Yo no sé para qué se ha venido al campo a pasar pena, dijo mi padre cuando le preguntaron
¿Qué te dijo tu padre cuando dijiste de venirte al campo?
Mi padre quería que yo lo cogiera. Aunque él dijo que no entendía por qué me había venido a pasar pena, me sorprendió la respuesta, la verdad. Lo cierto es que mis padres nunca tuvieron mucho dinero, imagino que sería por eso. Cuando yo tenía doce años mi madre tuvo que poner una mercería para sacar un poquito más, aunque era su sueño, pensó que también ayudaba. Yo no quería que lo hiciera, porque yo perdía a mi madre en casa, pero es verdad que fue muy positivo para ella como mujer y como madre. Nos vino muy bien, porque nos ahorramos mucho en ropa.
¿Qué piensan tus hermanos de que te hayas quedado con la ganadería?
Les gusta mucho, porque ellos no querían el campo y para que lo tuviera otra persona preferían que lo tuviera yo. Les encanta la idea de los apadrinamientos… No solamente el campo, al final nuestras raíces son el ibérico y seguir viendo las chacinas y el jamón es una forma de no perder nuestra infancia. Entonces, a mis hermanos les gusta, aunque no se dedican a ello. Durante las vacaciones pasábamos muchos días aquí.
Los hermanos de Judit viven cerca de Jabugo, aunque uno de ellos vive entre Jabugo y Sevilla. Todos han estudiado: «mi madre lo tenía claro, cada uno lo que le gustase, pero teníamos que estudiar».
Un cerdo es un animal y si tiene hambre va a empujarte, pero porque tiene hambre, son animales dóciles y tolerantes. Aprenden muchos comportamientos
¿Cómo lo haces con la alimentación?
Los cerdos no los tengo en ecológico, las vacas sí. Los cerdos no porque al principio no empezamos con nuestras reproductoras. Tenemos unos amigos que los tienen en ecológico, estuvimos visitando su finca y nos dijeron el coste que tiene, ahora mismo se nos va de precio. Con el tiempo quizás lo pongamos en ecológico. Ahora mismo nuestros clientes no nos exigen el ecológico. Las personas que están con nosotros saben cómo se alimentan y cuidan nuestros cerdos. Porque nos da pena dejarlos, para nosotros es nuestro. Nosotros eso de entrar con una palo y patadas… no nos gusta, le echamos maíz para distraerlos y ya entramos. Los cerdos aprenden muchas cosas, las vacas también.
Hablamos del trato a los animales en la ganadería, de lo importante que es para ella aprender y formarse para su trabajo, además hace hincapié en la importancia que tiene la formación en el sector. Le parece sorprendente que no se incentive una formación continua.
¿Tus abuelos se dedicaban al campo?
Mis abuelos tenían dinero y no trabajaban el ganado. Tenían gente que trabajaba para ellos. Tenían porquero, cabrero… Mi abuela vio cómo perdía aquel estatus social y fue mi padre el que se dedicó realmente al campo. Él tenía un trabajador y una familia cuidando el campo.
¿Y la familia de tu madre?
No. Mi abuela era ama de casa y mi abuelo era el que llevaba los papeles a empresas, era muy inteligente y él mismo fue el que se formó. Tenía un despacho en su casa, él trabajaba de administrativo.
No es solo el apadrinamiento, es todo lo que conlleva. Las relaciones que se crean y los momentos. Son productos especiales para momentos especiales
¿Cómo surgieron los apadrinamientos?
Los apadrinamientos surgieron después de darle vueltas al tema de cómo hacer para que cada uno tuviera su propio cerdo. Jabugo tiene una cultura que se está perdiendo, que es el tema de las matanzas, los tiempos de curación del jamón… Entonces compartimos con nuestros amigos esta idea que teníamos en mente y ellos nos dijeron que eso lo hacían algunas personas, que se llamaba apadrinamiento. Nos pareció muy curioso. Con la COVID nos vimos con necesidad de hacer algo, porque el precio de los cerdos bajó de manera increíble. Pensamos que si no nos arriesgábamos… Nos quedamos la mitad nosotros para llevarlos al matadero y el resto los lanzamos a apadrinamiento, fue un exitazo…
Tuvimos un gran apoyo a través de los medios de comunicación por el premio que me dieron a Mujer Rural Emprendedora. Entonces, al año siguiente conseguimos más apadrinamientos. Ahora mismo tenemos todos los animales apadrinados excepto los que nos quedamos nosotros de reserva. Nosotros hacemos dos tipos de cerdo, unos certificados de bellota y los otros que no los certificamos porque las certificadoras nos los ponen como cebo-campo. El cebo-campo son como un grupo en el que se meten muchas clases de alimentación, nosotros no estamos de acuerdo en eso porque nuestros cerdos son de bellota y cereal. Es decir, nuestros cerdos van a montanera en más hectáreas de las que tenemos aquí, pero no tienen tanta densidad de árboles, entonces en una año bueno de bellota, esos salen de bellota igual que los que tenemos aquí, pero si hay un año que escasea la bellota, aquí lo puedes asumir, pero en el otro no. Por lo que tienes que aportarle un poco para que el cerdo no pierda y mantenga el peso, entonces esa cantidad de pienso que se le aporta no es un cebo-campo.
Los padrinos están de acuerdo en que no estén certificados, ellos pueden visitar la finca siempre que quieran.
El coste del apadrinamiento puede equivaler a dos jamones de ese nivel, pero todo lo demás son extras
¿Cuánto cuesta un apadrinamiento?
Con todo incluido. Matadero, secadero… En fin, hasta el final. Ellos lo saben todo, pueden visitar el secadero, conocen los procesos, saben valorar los sabores, no identificamos el animal porque evita sentimentalismos, es un animal para comértelo no para compañía… Los precios son 860 euros el certificado y 710 euros el de cebo-campo. Los apadrinados de este año los hemos hecho en mayo-junio y si no sale entras en una lista de espera.
Aquí se está recuperando lo que era Jabugo antes, nuestra propia cultura y otras costumbres que se están uniendo de sitios diferentes
¿La gente repite?
Sí. También hay gente que se nos cae, pero nada… de veinte cerdos apadrinados se nos pueden caer dos. Pagan una reserva de ciento cincuenta euros y luego haces cuatro pagos, que será un pago al mes hasta el momento de la matanza. Se está creando algo muy chulo, que es la elaboración de productos con las carnes de recetas antiguas. El momento de la matanza es muy bonito, porque recogemos las carnes despiezadas del matadero y entras en la cultura de guisos como el de riñones, la elaboración de manteca, manteca colorá… Luego, ellos salan su propia panceta en su casa… Y todo eso es lo que yo no quiero que se pierda y es lo que se está perdiendo… Queremos hacer un libro con todas esas recetas de todos esos sitios.
Para que nos arruinen otros, nos arruinamos nosotros
Judit nos dice que hay otro sitio en Jabugo que se encarga de mantener esas costumbres: la Asociación Gastronómica Manchao, formada por mucha gente. «Hay cosas que no se pueden mantener y hay que buscar la manera de mantenerlas. Mis apadrinados no tienen tiempo tampoco, pero haciéndolo aquí es suficiente para mantenerlo al menos». Nos dicen que van «apretaillos por todos lados» pero que están muy contentos.
Durante la entrevista estamos con su hijo, Noah, y su marido, David. Su hijo no para de jugar con su perro, Pancho. Nos resulta entrañable la relación entre ambos. «Es que es mi hermano», dice el niño cuando su madre asegura que se pelean como hermanos.
Judit trabaja al unísono con su marido, un proyecto de los dos, y quiere que también se visibilice su labor y papel. «Mi marido y yo trabajamos a la vez, lo dije el día que me dieron el premio». Ella cuenta que el premio fue un empujón en su proyecto. No paraban de contactarle de medios de comunicación, su marido le decía: «Tú aprovéchalo».
Fotografías
- Judit trabajando en el campo.
- Judit con una cría de cerdo ibérico.
- Cerdos y cerditos de Judit.
- Cerdos de Judit en busca de bellotas.