Skip to main content

En el término municipal de Villanueva de Córdoba se encuentra la finca Majada de la Vega, propiedad de María José y Juani Torralbo Cepas, donde han pasado toda su vida. Nos reunimos con María José, aunque nuestra idea era encontrarnos con las dos, Juani no pudo asistir a nuestra entrevista por problemas con el ganado. Tienen una fábrica donde hacen embutidos, chacinas, jamones…etc. Entre las dos llevan adelante el negocio, María José se dedica más al trabajo en la fábrica, mientras Juani dedica más tiempo al ganado.

No somos conscientes de que todo lo que comemos viene del campo

Al inicio de nuestra charla, María José nos advierte: «Esto no es lo mío, a mi hermana se le da mejor hablar con la gente». Está algo nerviosa, pero poco a poco consigue desprenderse de la vergüenza y nos cuenta su historia. Nos habla mucho de su infancia, de cuando utilizaban candela en el campo para calentarse y cocinar, de cuando no tenían cuartos de baño y cuando su abuela le calentaba el agua en la candela y se la echaba en un barreño, aún recuerda cuando se quemó con el agua del barreño siendo niña. Su padre hizo reformas y colocó las placas solares, con poquita potencia, y el agua del pozo nunca les ha faltado. Hasta ese momento se las arreglaban con linternas para ir a acostarse.

María José y Juani han compartido tareas desde pequeñas. Cuando eran niñas se repartían el trabajo de la casa con su madre. Mientras su madre lavaba, ellas tendían la ropa juntas y cuando terminaban, se iban a jugar. También disfrutaba mucho yendo al huerto con su padre a regar, pasando tiempo con los animales. «Era terminar mis tareas y salir pitando con mi padre».

¿Cómo empezaste?

María José: Pues mis abuelos eran ganaderos, mis padres también y mi hermana y yo de pequeñas vivíamos en el campo. Yo hasta que no cumplí los 16 no tuve que venir, pero siempre viví en el campo. Venía en un transporte escolar sobre las 7.30 de la mañana y por la tarde lo mismo, subíamos en nuestro autobús y para el campo.

¿Qué tal te fue en el cole?¿Tuviste algún problema con otros niños por el hecho de que tus padres fueran ganaderos?

No, el cole fue bien. Lo que pasa es que bueno, en el campo pues lo típico, tienes trabajo que te mandan para casa y no puedes hacerlos porque estás en el campo. No puedes tampoco irte al parque a jugar…Pero bueno, allí nos arreglábamos también. Teníamos un columpio en un chaparro que nos lo puso mi abuelo y allí nos lo pasamos bien. Y con nuestras bicicletas.

¿Echabas de menos vivir en el pueblo?

No, lo que echo de menos es ahora el vivir en el campo. Justo al revés. Mi hermana si vive allí, bueno a temporadas porque tenemos niños y hay colegios. Pero yo claro, vivo aquí en el pueblo y echo de menos el campo. Se está más tranquilo.

¿Cuántas cerdas tenéis? ¿Hacéis el ciclo completo?

Tenemos 65 madres y hacemos todo el ciclo completo. Tenemos las cochinas, luego los lechoncitos, destetamos, luego ya primales, después van a montanera y pasan a sacrificio, y de ahí a nuestra propia fábrica que es donde nosotros hacemos todo el proceso. La fábrica es nuestra, la hizo mi padre en el año 2002 y llevamos 20 años ya con ella. Es lo mismo que el campo, salía del instituto y me iba a trabajar. Hasta que terminé los estudios y ya me incorporé al cien por cien.

Cada una os dedicáis a una cosa entonces.

Bueno sí, yo me dedico más a la fábrica y mi hermana más al campo. Pero vamos, que si hay que ayudar en una cosa o en otra, ahí estamos las dos. Porque la empresa es de mis padres, ellos hace tres años que, aunque aún no se han jubilado, nos la dejaron a nosotras. Lo bueno es que nosotras nos llevamos bien, tenemos días de todos los colores, pero en general nos llevamos bien.

¿Por qué hizo tu padre la fábrica?

Mi padre vendía siempre los cochinos en Salamanca, Guijuelo…Los pagos no eran siempre como queríamos y todos sabemos que el campo requiere de mucho esfuerzo y mucho sacrificio, y a veces tenía mala suerte y no cobrabas los cochinos o mil cosas. Así que decidió que por qué no, si nosotros teníamos las manos y la capacidad para hacer todo el proceso: desde la cría de los cerdos en nuestra finca hasta la elaboración de embutidos y secado de jamones.

¿Dónde vendéis vuestros productos?

Nuestra marca es Majada Pedroche y, principalmente, vendemos a Madrid y Barcelona, luego ya por el resto de España. Nosotros somos mucho del tú a tú. Entonces tenemos muchos clientes particulares, como tú y como yo, que con el boca a boca se van extendiendo. Luego también hay tiendas y restaurantes, tiendas online, catering, carnicerías… De todo un poco.

¿Tenéis que meter cerdos de otro sitio para completar vuestra producción?

De momento no. No entra nada de fuera.

¿Cuáles son vuestros planes de futuro?

Pues ir poco a poco metiendo más cochinos, ir avanzando y palante. Intentar ampliar la empresa, ese es el objetivo. Luego no sabemos lo que podremos hacer y lo que no.

¿A qué matadero los lleváis?

Los llevamos a COVAP que es donde los sacrifican, aquí en Pozoblanco, y se despiezan en una sala de despiece en Hinojosa del Duque, porque el matadero de Villanueva está cerrado. Lo cerraron hace cosa de seis o siete años y no lo han vuelto a abrir. La cosa no iba bien, parece que la persona que lo llevaba no lo hacía bien y se arruinó. Es verdad que eso a nosotros no nos viene muy bien, porque al ser una empresa pequeña… Si COVAP nos pide que tiene que matar de mil cerdos para arriba, nosotras en realidad matamos menos, porque tenemos menos producción. Entonces, a veces, nos cuesta que nos maten a los cochinos, y luego coordinarse con la sala de despiece porque si no te despiezan… A veces no cuadran los días, pero bueno ahí vamos…

¿Solo vendéis embutidos y jamones?

No, vendemos de todo. Carnes frescas desde la costilla al espinazo, hasta el lomo, presa, solomillo, secreto, carrillada, rabos… Todo, del cochino dicen que está bueno todo, hasta los andares.

¿Son ibéricos puros?

Sí, cien por cien ibéricos de bellota, denominación de origen protegida de los Pedroches, que es la que tenemos aquí.

Estáis entonces acogidos a Denominación de Origen y todo lo que producís de es bellota.

Todo. Bueno, también según nos venga el año. Porque si no hay bellota y no llegas a completar o si te ha quedado una cola de cerdos que se te han quedado más pequeños y no entra, pues hay que hacerlos de cebo de campo. Pero vamos mayoritariamente y nuestro objetivo, lo que nosotros queremos, es bellota cien por cien ibérico.

¿La finca es vuestra?

Sí, la finca es de nuestra propiedad. De mis abuelos y mis padres. Luego para la montanera tenemos otra finca que está entre El Guijo y Santa Eufemia, que es donde tenemos las ovejas para aprovechar los pastos y allí es donde llevamos a los cerdos a la montanera, porque claro en la de mis padres y mis abuelos no tenemos tanta hectárea para todos los cochinos. Dejamos unos poquitos allí, pero la mayoría van para la otra finca.

¿Cuántas ovejas tenéis?

En la de El Guijo tenemos 1.500 y en la nuestra 150.

¿Cuántos trabajadores sois?

Pocos trabajadores pero mucho trabajo. Mi hermana y yo, y luego nuestros padres también vienen a echarnos una mano. Mi madre tiene la actividad de haber estado siempre en el campo y le han gustado muchísimo los animales y demás, aunque quiera quedarse quieta, no puede. Entonces, ella va y nos ayuda mucho, en realidad los dos nos ayudan mucho. En la fábrica tenemos los dos trabajadores, luego además también trabajan con nosotras mi marido y la pareja de mi hermana.

¿Qué sistema utilizáis para parir?

Tenemos camping, pero lo que más, mi padre hizo de obra unas naves, unas zahúrdas, que tienen su habitáculo para cada cerdo, para los lechones y para ellas. Para el parto se meten en las casitas estas que te digo, hasta que los lechones se hacen más grandes.

Este año no sé cómo van los cerdos a comer bellotas

¿Y de rentabilidad? ¿Cómo la ves en el campo?

La rentabilidad está ahora complicada. Mi padre nos lo dice, que hemos cogido la ganadería en un momento muy malo. Los cerdos están bien de precio y los corderos también se van manteniendo, pero el precio de los cereales es brutal. Entonces es un poco complicado, pero bueno no nos queda nada más que seguir trabajando y luchando, otra no hay. El tema del agua también, tenemos una sequía grande. Nosotros en el campo tenemos un pozo que ha estado toda la vida, antes de mis abuelos y mis tatarabuelos… Ese nunca se ha secado y este año sí…Lo bueno es que no tenemos muchos problemas de agua, porque mi padre hizo un pantano y aunque está bajito, al menos para este año tenemos, pero …mal. Mal para los árboles, mal para los animales y para todo. La bellota este año…como no se mejore, mal. Porque en mayo vino mucha calor y eso las achicharró.

Nos cuenta que también disponen con un olivar con olivos de sierra y nos dice que están sufriendo las consecuencias de la sequía. «Sin agua no hay aceituna». Nos comenta que los que tienen olivos de regadío sí que han salido adelante, pero los suyos que son de sierra, no. Los olivos no están en ecológico, de momento no se lo han planteado, pero quizás en el futuro lo hagan.

¿Sembráis?

Sí, el forraje. A veces nos hace falta paja y la compramos de fuera, pero normalmente solemos tener de lo nuestro. Además, con lo cara que se ha puesto la paja… Pero también compramos los piensos a una fábrica de piensos, con la que llevamos muchos años y nos los hacen de acuerdo a la fórmula que le pedimos nosotros.

Con esto de la paja y los precios no sabes cómo te va a salir, porque luego no sabes si el jamón lo vas a tener que vender más barato. Con los tiempos de espera del jamón, imagínate, son unos seis o siete años hasta que te comes ese jamón. Dos años de campo y luego a un bellota cien por cien le tienes que echar de cuatro años para arriba. Nosotros ahora estamos vendiendo de tres añadas: 2016, 2017 y 2018. Del 2016, nos quedan unos más grandes de un año con mucha bellota, porque fue un año buenísimo, y nos quedan ya unos que son grandecitos y están tiernos todavía. Y los del 2017 igual. Los de 2018 eran los cochinos más pequeños, además los biselaron y lo hicieron más completo, más limpio y tienen menos grasa, entonces se han puesto antes… Así que nos hemos encontrado vendiendo jamones de tres años seguidos.

Todo eso lo tenemos que ir soportando económicamente, todos esos gastos. Mi padre nos dejó la empresa en 2020. En 2019, empezamos a criar nosotras los cerdos nuestros y tú imagínate la inversión que hay que hacer hasta que vendes un jamón.

¿Tenéis vuestros propios animales o siguen siendo los de tus padres?

Bueno, los animales de mis padres nos los quedamos nosotras: los cerdos, las ovejas y las vacas, y así seguimos la producción.

¿Tu padre quería que te dedicaras a esto?

Mi padre sí. A mi padre le gusta y luego, hombre, tiene sus días malos… Por ejemplo, lo que le ha pasado hoy a mi hermana, que no ha podido venir. Pero luego también tiene sus días buenos, cuando te felicita un cliente porque ha salido un jamón muy bueno y te llama para pedirte otro o el embutido… Tiene sus recompensas. Los animales también, a quién le gusta el campo y los animales, es muy bonito. Eso de que la cultura de los pueblos no se pierda. Cada vez hay menos gente… La gente más joven no quiere campo.

¿Por qué crees que no quieren el campo?

Pues no lo sé. Bueno, sí lo sé. Porque es muy sacrificado. No hay días, a los animales no les puedes decir que te vas de vacaciones, ni que es domingo, ni que es feria, ni nada. Entonces la gente joven… yo creo que no lo quieren por eso, por ese sacrificio. Creo que te tiene que gustar y que tienes que haberlo mamado de chico y saber que tiene sus sacrificios, pero también tienes el saber que si las cosas van medio bien pues también tiene sus recompensas.

Ahora mismo es que se quitan las ganas. Porque dices me levanto a las seis de la mañana todos los días, pero ¿dónde está el beneficio? Ahora mismo parece que es todo pagar, pagar y pagar. Siempre piensas que ya vendrán tiempos mejores, al menos para ir tirando.

A mí me gustaría que mis hijos también se dedicaran al campo

María José tiene dos niños pequeños, una niña de 8 y un niño 2. Les encanta el campo, en especial el niño que disfruta mucho aquí. Nos enseña una fotografía de su niño en el campo. Le compró un tractor infantil y se lo pasa muy bien con su tractorcito y con su vaca Margarita, que es una vaca que tienen de leche. Nos cuenta que ahora mismo siente que lo tiene todo a mano: a sus padres, su campo…«Tenemos calidad de vida, se sabe que son muchas horas de trabajo pero de todas maneras hay que trabajar. En la ciudad también se trabaja y hay más estrés». Su hermana también tiene dos hijas, ella pasa el verano en el campo y parte del tiempo de invierno en el pueblo. Para ir al cole cogen el transporte público. A María José le entristece mucho el ver que ya apenas hay niños del campo que cojan el transporte, porque ya no hay tantos como cuando ella era pequeña.

Nos habla también de la cantidad de actividades extraescolares que tienen los niños hoy en día, nos dice que ni ella ni su hermana fueron a actividades, que su actividad era montarse en el autobús e irse al campo. «Si tenías mala suerte y estaba lloviendo y a tus padres se les había complicado algo, te soltaba allí el autobús y te ponías como una sopa, algunas veces nos íbamos andando el camino para adelante. Lo que pasa es que había vacas bravas y nos daba miedo, teníamos que andar saltando cercas».

La vida de antes era muy diferente

¿Los abuelos con los que vivías eran maternos?

Sí, los de mi padre no eran ganaderos. Mi padre era constructor, empezó muy chiquito de albañil con sus hermanos. Conoció a mi madre y antes de casarse se fue con ella al campo y ya siempre con mis abuelos. Mi madre no tenía hermano, tenía una melliza pero falleció al nacer, así que estaba sola. Por eso como a mi padre le gustó el campo…

En el campo siempre tienes cosas diferentes que hacer

¿Te volverías a dedicar a esto?

Sí. Yo lo que he vivido de chica es esto y me gusta. Mi hermana y yo nos hemos adaptado desde pequeñas a no tener horarios. Luego es como todo, hay que organizarse y se saca tiempo para todo. Sabes que no te puedes ir seis días a la playa, que te tienes que ir uno, pero bueno ya está.

El marido de María José también es ganadero y su finca familiar está muy cerca de la suya. Él atiende sus ovejas, pero también está con ella en la ganadería.

¿Quién toma las decisiones?

Si es tema de invertir o tomar decisiones lo hablamos las dos. El papeleo y pago de facturas lo llevo yo más. Porque tengo la oficina allí… Pero decidir, lo decidimos juntas.

Somos muy distintas, pero estamos muy unidas

Uno de los problemas que más preocupa a María José es la subida de la luz. «Es que no ganas para pagar la luz». Cuentan con secaderos artificiales que consumen mucho, cámaras…. Han pasado a pagar de tres a cuatro veces más que otros años. Las fábricas, según nos cuenta, tienen el kilovatio más caro que las casas particulares. «Es una pasada» nos dice.

¿Cómo fue la pandemia para la fábrica?

Bueno mucha gente hacía pedidos por internet. Es verdad que los restaurantes estaban cerrados. Pero como el plato de jamón y la cerveza era el consuelo que tenía la gente…Nos atascamos un poco en otros sentidos, no había comuniones, bautizos…Pero íbamos poco a poco.

Se debería de motivar a la gente joven de alguna manera, porque sino los pueblos se van a ver solos

María José asegura que ahora mismo se apañan con las personas que trabajan en la ganadería, pero que igualmente no podrían contactar a nadie más. «Entre que no deja muchos beneficios y el esfuerzo que supone, no salen las cuentas».

¿Crees que la gente que no está vinculada a la ganadería valora el sector?

Yo creo que no. Cuando le cuentas a una persona de ciudad que cuidas vacas o cerdos, no lo valora, porque mucha gente piensa que la leche viene del cartón.

¿Por qué crees que hay esa desconexión con la ciudad?

María José: Para ellos, los de los pueblos somos los tontos, por decirlo de alguna manera. Nosotros no es que no sepamos hacer otra cosa, es que es lo que nos gusta.

¿Vendéis a través de la web?

Sí, tenemos página web y nuestra tienda online1. Nuestra marca es Majada Pedroche.

¿Cómo ves el futuro del campo?

Lo veo complicado. Si cada vez estamos menos…A mí me gustaría lo que a todos, crecer por mis hijos, pero vamos a ver… Me gustaría tener una marca conocida por el buen hacer de nuestros productos y la calidad, pero no sabemos cómo vendrán las cosas. Aquí seguro que quiero estar.

¿Has tenido algún problema por ser mujer en el campo?

Mi marido es de la mentalidad de antes y en casa ayuda muy poco. Es verdad que se levanta temprano y llega muy tarde. Aunque yo también lo hago y me toca todo a mí. Pues imagínate la conciliación. Mi madre me echa una mano, cuando están en el colegio tengo que llevarlos yo y la niña que es más grande se queda con mis sobrinas que son más grandecitas.

Está en Ganaderas en Red2, nos dice que no tiene mucho tiempo de participar, pero está pendiente de todo lo que se comparte en el grupo y que aprende mucho. «Son admirables».

A pesar de que María José nos decía al principio que a ella no se le dan del todo bien este tipo de cosas, nos ha demostrado las ganas que tenía de compartir con nosotras sus vivencias en el campo. Nos deja entrever la infancia tan feliz que tuvo en la ganadería con su familia, por cómo nos habla de todas las actividades que antes hacía y, aunque se alegra de los adelantos y mira hacia el futuro con ilusión de crecer como marca sin dejar atrás la calidad y el buen hacer, también nos recuerda lo importante que no olvidarse de que antes la gente fregaba en la pila, cocinaba en candela y se bañaba en el barreño que había llenado la abuela con agua caliente de la olla.

Fotografías

  1. María José y Juani con sus cerdos.
  2. María José y Juani Torralbo Cepas.

Notas

  1. jamonesmajadapedroche.es
  2. Ganaderas en Red es un grupo de mujeres que han conseguido crear una comunidad y mantenerse unidas y en contacto gracias a las ventajas que aporta Internet. Con esta iniciativa, GER pretende reivindicar la igualdad en un oficio que ha sido considerado hasta el momento exclusivo de hombres.