Santiaga Sánchez Porcel nació en la comarca almeriense de Los Vélez. Su ganadería, finca El Ciruelo Alto, se encuentra en el término de Chirivel, está compuesta por 720 ovejas de la raza autóctona en peligro de extinción Segureña, 350 cabras de leche y algunas cabras de la raza, también en peligro de extinción, Blanca Serrana o Andaluza. Además, nos cuenta que hay todos los animales que se encuentran en un cortijo: gallinas y alguna yegua, que forman parte de un territorio por el que ella trabaja cada día con una pasión y orgullo admirables.
Es necesario que la gente del campo abramos las puertas a la ciudad
¿Pastoreáis?
Santiaga: Sí, pero las cabras de leche en invierno no salen. El resto del año lo hacen cercadas, cerca del cortijo, hacemos careo con las vallas. También aprovechan rastrojeras, y lo que sembramos verde, pero no van por la sierra, están en los apriscos, cerca de la nave donde las ordeñamos. El resto del ganado está todo el año fuera, en Sierra María. Parte de los pastos están en Parque Natural Sierra María – Los Vélez, otro en montes públicos, también en zona de agricultores, hijos de ganaderos de antes que heredaron de sus padres esas tierras, pero no quisieron seguir con la ganadería: nosotros tenemos un acuerdo con ellos, una especie de trueque, y llevamos sus pastos. Esto es dentro y fuera del parque, en el área de influencia, como nuestra finca, que la mayoría está lindando con el parque, pero está en esta área.
¿Son pastos comunales?
Santiaga: No, no tenemos pastos comunales. Tenemos propios, que arrendamos a los agricultores, como te he contado, y otra parte a la Junta de Andalucía que salen a licitación cada 4 años
¿Cuántas hectáreas gestionáis?
Santiaga: Unas 2.000 hectáreas.
¿Cómo es el manejo?
Hacemos dos grandes parideras, separadas siempre las ovejas de las cabras. Las cabras tienen otro manejo.
Las ovejas tienen dos grandes parideras al año, y otras dos pequeñitas, porque lo que intento es que no se me acabe el cordero en todo el año. Comercializo un 30 % en ecológico. Por un lado, van a restaurantes de la comarca, también a Almería capital y a la comarca de La Almazora, pero el porcentaje mayor son las personas que hacen conmigo Las rutas de Santiaga, y ven cómo se produce esta carne, son mis mejores y más fieles clientes.
¿Qué son Las rutas de Santiaga?
Primero tengo que contarte de dónde nace todo. El amor por la ganadería me lo inculcó mi padre: soy bisnieta, nieta e hija de pequeños ganaderos y pequeños agricultores. También el amor por las tradiciones que giran en torno al mundo agrícola, pastoril y ganadero me lo transmitieron mi madre y mi abuela, y mis dos hermanas mayores. La importancia de conservar las crecientes1, los amasijos, las recetas de los embutidos, cómo se trabajan las lanas, la aceituna, los quesos… siempre había tenido el sueño de poder llevar a cabo esto, de poder mostrarlo al mundo, que no terminara aquí.
Cada vez quedábamos menos como yo, y no quería que se perdiera. Me incorporé como joven ganadera y agricultora, una empieza a luchar por la vida, a trabajar duro, tengo hijos, los crió… y en el 2013, llegó la hora de cumplir mi sueño. Un día en la Junta Rectora del Parque, de la que formo parte, lo conté, estaba muy cansada de los papeleos, los trámites, de las peleas con los temas de hectáreas… no sé cómo pasó, pensé en voz alta y hablé.
Y me ayudaron a poner en marcha mi proyecto, los sueños se cumplen. Se involucraron ayuntamientos, restaurantes de la zona… y en mayo de 2013, hice la primera ruta piloto de Las rutas de Santiaga: recibo a la gente con un desayuno campero, con el pan dentro del horno. Nos vamos al comedor de mi cortijo, y allí tengo la mesa preparada con todos los productos, hechos por mí la mayoría, y los que no, de mi comarca, kilómetro 0. Luego les cuento la historia y la importancia de la ganadería de la comarca, de las lanas, del Concejo de la Mesta, la raza Segureña, las diferencias entre una carne ecológica y no… A mediodía comen Cordero Segureño… Y la persona que ha vivido todo eso y tiene información de todo, ve que es verdad, y ese es mi cliente más fiel.
Cuidado con lo que sueñas, que se cumple
¿Cómo haces con los corderos?
La comarca de Los Vélez está formada por 4 pueblos. Es un área pequeña, y en el pueblo de María, el más alto, con más de 1.500 m de altitud, ahí están los dos mataderos, también hay secaderos. Lo máximo que me han pedido para Navidad, suelen ser 6-7 corderos de golpe. En este pueblo también se hace el despiece. Yo no lo envaso al vacío, lo mínimo que mando es media canal entera. Esta es otra de mis ideas para un futuro próximo: el envasado al vacío y entrar en el mundo de la cuarta y quinta gama de alimentos2 con el cordero.
Este 30% es el que va sin intermediarios, cosa de la que estoy muy orgullosa porque hay precio justo para el consumidor y para mí, todos salimos ganando. El otro 70%, seguimos yendo a cebadero, que no está certificado en ecológico, y se pierde la producción ecológica en el mercado convencional
¿Con cuántos kilos se sacrifican?
Suelen ser unos 18 kg máximo, 20 kg como mucho. Lo hacemos así para no comprar pienso ecológico. Maman de su madre, se alimentan de avena, yeros… O veza y forraje que segamos en primavera, con eso salen.
¿Cómo os organizáis con el pastoreo?
Tenemos pastor diario. La noche no, las noches crudas que son poquitas, por desgracia, porque ya no hace el frío que tendría que hacer en invierno, ni nieva como debiera, esas se bajan y se encierran en el aprisco de los pastos que te decía en los pastos de particulares que tenemos el trueque. El resto de noche se van a las majadas. Se quedan los mastines con ellas. Y a la mañana siguiente estamos allí antes de que se levanten. Porque hay plantaciones de almendros cerca de la sierra, y hoy en día no es como antes el pastoreo, es más complicado, y cada vez te dejan menos… tenemos un desierto de almendros en mi zona.
El pastor es Antonio, fue mi marido, ahora seguimos siendo socios, y un pastor de apoyo.
Aquí tenemos la ganadería, unas 56 hectáreas de almendros y unas 70 hectáreas de leguminosas y cereal en rotación. Los días de recolectar, de hacer barbechos, sembrar, eso lo hace el pastor que tenemos, pero pronto se jubila, así que ya no podrá estar aquí.
¿Y los jóvenes?
Gran cantidad de los jóvenes de la comarca se han incorporado en esta década, y por primera vez, esta pasada convocatoria, se ha igualado el número de mujeres y hombres. Pero la mayoría son para ganadería intensiva y para los almendros. 1 de cada 10 ha seguido con la ganadería extensiva.
¿Y por qué ha pasado esto?
Porque la ganadería es un trabajo duro, todos los días tienes que estar trabajando. Nuestra gente joven los hemos hecho de otra forma, pienso en mis hijos, por ejemplo, con más derechos, más tiempo libre, que puedan vivir lo que no vivieron sus abuelos ni nosotros, lo que yo tampoco viví de joven. Casar eso con la ganadería extensiva y sin estar la gente unida del sector… Porque si nos unimos, podríamos hacerlo teniendo nuestras vacaciones, cubriendo nuestras bajas… pero estamos aislados. Es duro. Tienen necesidades de vivir fuera del entorno. Mis padres solo salieron de la comarca para ir de médicos. Yo empecé a salir con cuarenta y largos. Tal como está planteada hoy, es difícil compaginarlo.
¿Qué han hecho tus hijos?
Desde chiquitillos ellos han estado muy endurecidos, los hemos hecho rústicos. Han ordeñado a mi lado, estando aquí, ellos el manejo del campo lo saben y lo han aprendido. Cuando el mayor tenía 16, nos dijo que no quería dedicarse al campo, estudió una FP de electricidad, se lo rifaban las empresas, porque le tocó el boom, pero luego vino la crisis, y se metió en el campo trabajando en una empresa de cítricos. A los años se dio cuenta de que, teniendo campo, qué necesidad tenía él de estar en otro campo que no era el suyo. Y en 2015 se incorporó como joven agricultor, le cedí 26 hectáreas de cereales y plantó almendros. En el 2016, compró sus cabras de ordeño.
Lo de mi hija fue súper curioso. Estudió Farmacia en Granada. Le gusta mucho su profesión. Estuvo trabajando de farmacéutica hasta finales de abril, en la pandemia, ella estaba embarazada. Ahora está dedicada a su hija, y ha pensado este año, que como el padre se quiere jubilar y vender las ovejas… Se presentó un día diciéndome: ¿Y si las compro yo?. Me salió un olé, estoy muy orgullosa de que quiera quedarse con la ganadería de su padre. Él ama a sus ovejas, no tiene otra vida, pero llegará el día que se las traspase a sus hijos.
También mi ahijado está ligado al campo. Algo habremos hecho de casualidad bien, para que ellos tengan ese orgullo de terruño, de raíces, de volver a lo tuyo. Mi hija ha hecho la incorporación este año, en unos meses sabremos si está aprobada su ayuda. Si no, no se va aburrir, lo seguirá intentando.
¿Cómo fue tu historia?
Cuando yo era chiquitilla, ya teníamos colegio, íbamos al pueblo en un transporte escolar. A la vuelta, cada tarde, con 6-8 años, iba corriendo con mi padre a las ovejas. Los cuentos que me contaba mi padre, eran historias que él había vivido, antes de la guerra, la posguerra, el salir adelante… para mí eran cuentos. Él me decía después de cada cuento: Por eso que te digo, hija, que con un puñaico de tierra y un puñaico de ovejas, la gente no pasa hambre… [se emociona]
Siendo adolescente, en esa etapa de la vida, que una es rebelde, cualquier cosa que viene de los padres, tú al revés. Pero yo tenía dos cosas claras: no quería irme de mi comarca. Tenía dos hermanas mayores que se habían ido a Francia, veía el sufrimiento cuando venían de vacaciones… Además, yo quería dedicarme a lo que se habían dedicado mis padres, me lo habían metido en vena. Ellos eran mis héroes. Recuerdo cómo con mi abuela me ponía a aprender a hacer el pan, en la artesa, desde pequeñita…
A los 14 años conocí a mi marido, él iba al colegio con su Land Rover largo, y mis amigas me decían riéndose, cucha que ya tienes novio… seguimos de novios hasta que cumplí 18 y embarazada me caso y me voy a vivir a un cortijo perdío, sin coche, sin carné, con el camino en muy malas condiciones, con el cortijo más cercano bajando a 4 km y medio en el año 85, imagínate, y sin luz y sin agua… Estuvimos un año allí con mis suegros. Estuvo bien. Ellos se bajaron a otro cortijo de labradores. Y Antonio y yo nos quedamos en ese hasta el año 94. La finca no era nuestra. Una vez que me acostumbré, siempre digo que allí pasé los mejores años, tengo muy buenos recuerdos de esa etapa. Después nos bajamos al lado de mis suegros, que había dos fincas de dos propietarios, en una de se jubilaba su labrador y alquilamos, el 8 de septiembre, las rentas… Antonio se incorporó con las ayudas que ya había, el decreto 213. En esas ayudas entraba el arreglo del cortijo si iba a ser la vivienda principal. Pudimos arreglar la cortijá, pusimos cuarto de aseo, la primera vez en mi vida que yo tenía baño. Nos duchábamos antes en un barreño. Vino la luz… y en el 97 inauguramos el cortijo, hicimos una fiesta con nuestros vecinos… y allí seguimos.
Estamos separados, pero compartimos todo. Por la noche él se va a Chirivel, donde vive con su pareja. Yo estoy a caballo entre la casa de Vélez Rubio, el cortijo y mi coche. Mi vida está ahí. Estos últimos diez años es cuando más he viajado en mi vida.
Hasta el año 2013, íbamos de pastores los dos, cada uno llevaba un atajo, yo solía ir con las paridas, que es más fácil. Porque yo no sé tanto de manejo como él.
En 2013 cambiamos el manejo porque en mi familia sucede algo que nos cambia la vida a todos. La segunda de mis hermanas muere, mi otra hermana fue asesinada por el marido… [Santiaga no puede evitar emocionarse al recordar todo lo vivido]. Mis padres superan la muerte de esa hija como pueden, porque queda un niño de 8 años, y consiguen luchando mucho, quedarse con él y criarlo. Con 56 años muere mi segunda hermana, por un derrame cerebral. Y a mis padres esto les afecta muchísimo. Mi padre deja de andar, y comienza con una demencia senil severa, pienso que su cabeza, para no sufrir más, decidió borrar, no recordar más. Estuvo casi seis años en cama. Mi madre que había sido la más delicada de salud, se hizo la fuerte…pero ella tenía anemia de toda la vida que terminó derivando en una leucemia. Mi madre murió en 2015, y mi padre estuvo aguantando hasta 2018. Y esto hace que dejé de ir de pastora. Comienzo así a encargarme de la burocracia de las ganaderías, me dediqué a mis rutas que acababan de empezar, a mi cortijo, a mis corderos… y ahí Antonio estuvo a la altura y me apoyó. Ahora, en ocasiones puntuales voy, cuando hay que hacer censos, saneamientos, esquilos…
Mi relación con Antonio es muy buena, mejor que nunca. Es que empezamos muy jovencitos. Queda ese amor de cariño, nos queremos muchísimo. En las relaciones que se rompen, tienes que ser generoso, dar todo. Y ha pasado por los dos lados, ha sido mutuo. Mira si somos capaces de integrarlo todo que nos juntamos todos, con su nueva pareja y los hijos de ella. Esta semana nos juntaremos todos para celebrar un cumpleaños.
Mi madre murió sin saber que estábamos separados sentimentalmente, yo no quería darle un mazazo más a mi madre. Y él estuvo a la altura. Mis padres ahorraron con hormiguitas, no gastaron en nada. Tuvimos a una mujer contratada cuidando a mi padre, para que estuviera bien atendido y pudiéramos cuidarlo bien. Nos dividíamos por días y así estuvimos haciéndolo y respirábamos las dos.
Empecé a involucrarme con proyectos bonitos e ilusionantes, y ahí empiezo a sentir la libertad que da la soledad. Si eliges la soledad, tiene una parte preciosa que es ese darse cuenta del empoderamiento que una mujer tiene. Que a lo mejor no ha sido consciente o no ha podido elegirla o tenerla.
¿Estáis en la Asociación Nacional de Criadores de Ovino Segureño?
Sí estamos en ANCOS. Nos llevó más de 20 años hacer una mejora genética. Hemos introducido varias veces machos calificados mejorantes. Ya últimamente dejamos los corderos que nos gustan, o de compañeros de asociación para evitar la consanguinidad, creo que tenemos un rebaño bien apañao.
La asociación, el equipo de veterinarios que tiene es brutal, muy implicados y majos. Gente que sabe manejar el ganado si hay que echarle mano, ellos solos se apañan y eso hace muchísimo. Muchos de ellos son hijos de ganaderos.
¿Qué me cuentas de Ganaderas en Red3?
Primero yo me presenté, en 2015, a Los Premios de Excelencia a la Innovación de Mujeres Rurales, que convocó el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Preparé la memoria para la candidatura, y mi sorpresa fue que recibí el premio. Ese año, en noviembre, el Ministerio convocó unas jornadas que coorganizó con la Fundación Entretantos. En ellas estuvimos algunas mujeres premiadas para esa mesa redonda que tocaban temas de mucho interés… Nos juntamos 5 mujeres que no nos conocíamos y empezamos a compartir nuestras experiencias. Pensábamos que, si a nosotras, como mujeres, nos ponen herramientas y tenemos posibilidad de estar en foros importantes… tenemos que estar, dar nuestros puntos de vista, nuestras vivencias… si nos lo ponen fácil por así decirlo, ahora la responsabilidad es nuestra. Estábamos de acuerdo todas en que había que unirse, y así nació Ganaderas en Red. Al año siguiente, las poquitas que estuvimos allí, creamos un grupo de WhatsApp en el que al año siguiente nos convertimos en una treintena. Al año siguiente, hicimos un taller para compartir lo que nos unía… y de esas comidas y cenas salió nuestro logo… cada una daba su opinión… todo lo más democrático posible.
Para mí significa mucho este grupo, es una plataforma horizontal donde no hay pirámide, no hay una jerarquía, y así queremos seguir. Hemos sido capaces de conseguir que todas puedan compartir información con el resto sin conocernos personalmente, gracias a canales como Slack. Todo el mundo aportamos. Es algo invisible, pero son lazos de poder (no de supremacía) sino de empoderamiento. Nos sirve muchísimo.
En 2017 fuimos premiadas con el Premio Extraordinario de Innovación en los Premios de Excelencia a la Innovación para las Mujeres Rurales, con la versión que hicimos de la canción Despacito de Luis Fonsi, llamadas Mujeres al viento. Yo estoy tan orgullosa de cada una de las que formamos GeR…Creo que nos une la capacidad de superación y el amor por la ganadería y nuestro entorno. Cada una tiene sus ideas, pero compartimos eso.
Pero no es el único reconocimiento que ha recibido Santiaga. En 2015 le fue otorgada la Insignia de Oro, que se celebra el Día de Andalucía. Este premio fue algo muy especial que Santiaga recuerda con mucha ilusión y alegría, ya que se sintió reconocida en su propia tierra, y también su labor de dignificación y visibilización del medio rural y de la mujer rural. El pasado diciembre de 2022, fue premiada en la IV edición premios Empresarias Andaluzas 2022, también significó mucho para ella: una especial ilusión al ver el sector ganadero por el que vive y lucha a la altura de cualquier otro.
¿Desde cuándo estás en ecológico? ¿Cómo lo llevas?
Siempre cuento que entré en ecológico por las subvenciones. Mi comarca, con la de al lado, es la mayor producción de almendros ecológicos en superficie del mundo. Pero no lo sabemos vender, hay otros que por menos venden mejor… y eso es porque es muy fácil hacer agricultura ecológica, por la altitud, por la ausencia de humedad, es muy propicio para esos cultivos de secano. Entré por el caramelo envenenado de las subvenciones. Pocos años después, se convirtió en un modo de vida para mí.
Con la ganadería, sin embargo, mi suegro y Antonio no lo veían claro. Porque estaba asociado a lo que comían el ganado, producíamos cereales y leguminosas, y con el tema de los tratamientos no lo veían. Y ese campo me lo tuve que trabajar más años y en el 2011 llegó y está todo en ecológico, incluidos los pastos, los nuestros, los arrendados… Para mí no ha sido difícil hacer la ganadería en ecológico. De hecho, es el sistema que hacían nuestros abuelos, nuestros padres…no pedir más de lo que te puede dar un animal ni la tierra…
Hemos intentado siempre hacer las cosas de la mejor manera posible, no porque me lo diga un sello o un inspector, sino porque nos hemos dado cuenta que es la única manera más natural si queremos sobrevivir a esto.
En la conversación también está Julia Miralles, ya que es en su casa donde entrevistamos a Santiaga. Julia comenta que Santiaga hace verdadera agroecología. Santiaga afirma que para ella la agroecología es trabajar la tierra con sentido común.
¿Qué han supuesto Las rutas de Santiaga?
La gente me ha hecho ver que yo estaba equivocada. La desconexión y el desconocimiento que hay en la ciudad no es culpa de la gente. Tenemos que ocuparnos de contar a la gente que hacemos, qué conlleva lo que hacemos, cómo cuidamos y conservamos el territorio, la semilla… Nuestra ganadería cuida del patrimonio y la genética que se está perdiendo y que la humanidad va a necesitar dentro de poco… somos la gente del campo las que tenemos que acercarnos, el bancal a la burra, no la burra al bancal. Siempre hemos pensado que en la ciudad se pensaban ciertas cosas, que no nos miraban bien. Yo siento que me escuchan, que me valoran, y los que vienen, agradecen tanto el conocer, el tener toda esta información, el encontrar a alguien le cuente qué hacemos, con sus defectos, con sus olores, con todo. La gente está deseosa que les cuente la verdad, y no que les cuenten historias inventadas por alguien que no salen en un libro. Yo digo siempre que mi profesión es muy digna y que vivo muy bien. No me gusta que nos hagamos las víctimas. Hay que reinventarse también, buscarse la vida, diversificar… Otra cosa es lo que conlleva, claro. Pero obtenemos tanto a cambio…
Yo tengo un sueldo digno, y trabajo dignamente. También cuento que cuando empecé no tenía ese sueldo, claro. Los jóvenes necesitan las ayudas sí o sí para empezar en este mundo.
Si me quitan las ayudas ahora, sería capaz de vivir, pero he pasado muchos años que no hubiera sido capaz.
Es necesario que más gente del campo abramos las puertas a la ciudad.
¿Cuánta gente hace tus rutas?
El año antes de la pandemia, recibí a 183 personas a lo largo del año. Suele costar una media de 29 a 39 euros. Pongo el precio según donde comamos. Como la comarca es pequeñita, según donde esté el ganado, comemos en un sitio del pueblo o en otro. Depende del menú del bar. Las visitas son de un día. También ha estado aquí La Escuela de Pastores e institutos de formación profesional agroforestal y agropecuaria…
Al principio lo anunciaba por el Facebook, y se apuntaba gente de diferentes lugares que no se conocían entre sí. Ahora, los últimos años, vienen a la carta, grupos cerrados.
La gente quiere verdad
No está de acuerdo con el mensaje que se da de reducir el consumo de carne. Cree que es mejor contar que hay que mirar alrededor, comprar esa carne que es diferente, de la zona, que está haciendo algo por un territorio. Ya sea ecológica, de raza autóctona, de cercanía, de ganadería extensiva… Para ella, siempre hay micromaneras de hacer las cosas diferentes.
¿Echas de menos algo de la vida de antes? ¿Sientes que hayamos ido a peor?
La evolución ha sido tan brutal en tan poco tiempo, con las tecnologías y las redes sociales…En menos de tres décadas, estamos pendientes del móvil, sin un móvil ahora no puedes vivir. Echo de menos esa independencia, quizás… el no estar pendiente ni tener que hacer todo por teléfono. Antes siempre teníamos tiempo para conversar, para juntarnos con otras personas… podías socializar de verdad. Eso lo echo de menos.
La formación es imprescindible para toda tu vida profesional
¿Un consejo para las personas que se quieran incorporar al campo?
Tienen que tener una idea, por lo menos, de qué es lo que les gustaría hacer o investigar. Y cuando uno lo tiene decidido, hay que informarse. Afortunadamente tenemos mucha información en muchos lugares como las oficinas agrarias, las escuelas de empresa… primero la información, y luego la formación. La formación es imprescindible para toda tu vida profesional. Una siempre tiene que estar formándose. Te vas a incorporar con animales, son seres vivos, los árboles también, continuamente están adaptándose a los factores externos… como tu no te formes a la vez que se van produciendo acontecimientos… mal vamos. Si perseveras, creo que al final salen las cosas.
Cuando le preguntabas a Julia acerca de si el ganadero nace o se hace: «Yo creo que es posible que el que no haya nacido en el campo se haga. Le costará más quizás hacerse resiliente, pero si le pone empeño, lo consigue. Ejemplos hay muchos, por ejemplo, conozco a 10 ganaderas de GeR que venían de mundos totalmente diferentes, y ahí están».
Este es un mundo rural que se abre mucho, como nuestras casas de par en par, hay muchos ganaderos mayores sabios, que comparten contigo todo lo que saben
¿Qué hacemos con la sabiduría de toda esta gente que se pierde?
Como antes no se escribía, tampoco se interesaban por esto, o no se paraban a pensar que podría interesar… Hoy en día si nos damos cuenta, afortunadamente mucha gente fuera del sector también. Es primordial escribir, documentar, grabar, recoger todo esto. Pero hemos perdido mucho, tenemos el deber moral de cuidar esa sabiduría y que se quede de alguna manera para las generaciones futuras. Tenemos la gran obligación de dejar el terruño en las condiciones, cuanto menos, igual que como nosotros lo hemos recibido de nuestros padres. Si es un poco mejor, todavía mejor. Y es cosa de todos, no solo de los que vivimos en el medio rural, cada uno tiene su parcelita de responsabilidad. El consumidor, informándose primero de donde viene lo que compra y qué provoca. El que legisla, tiene que enseñar otro modelo de hacer las cosas más sostenibles… todos tenemos nuestra parte, todos somos responsables. Pero en la universidad no se aprende tó, ahora se empieza desde ahí también a mirar para los interiores de su provincia.
¿Qué es lo que más te gusta de lo que haces?
Por lo que sigo luchando, y que me merece la pena, es por la generación de chicos y chicas, en especial ellas, que creía que estaba anestesiada. De verdad, me estoy convenciendo de que afortunadamente no es así, estaban un poco hastiaos, así que sigo por ellos: por enseñar la importancia de todo esto, el orgullo de pertenecer a tu tierra, a tu profesión… yo soy igual de profesional que tú siendo licenciada en lo que sea. Fíjate la vida, tengo 5 amores: mis tres sobrinos y mis dos hijos, tres de ellos han querido seguir con esto. Con eso ya me merece la pena. Y otro orgullo, que siempre ha sido mi sueño, todo lo que tantas mujeres han hecho en silencio y han mantenido durante siglos y que nadie se ha parado a pensar hasta ahora, que por fin se empieza a poner en valor, la importancia que han tenido las mujeres para que hoy tengamos todo lo que tenemos. Las semillas, las guardaban ellas, por ejemplo, o las crecientes, esas levaduras de los panes, de los vinos o los quesos… La levadura que yo uso en el pan tiene más de 100 años. Mi madre cuando se casó, su abuela le dio la creciente, y yo cuando me casé mi madre me la dio a mí. Fíjate todo lo que hay detrás del pan que yo hago.
Santiaga, como las crecientes de las que con tanto orgullo habla, lleva consigo un amor al terruño que va ligado siempre a la memoria de las y los que la precedieron. Ella desprende pasión por todo lo que hace y eso la convierte en una guardiana extraordinaria de los saberes de su territorio.
Fotografías
- Santiaga en su cortijo.
Notas
- Masa madre del pan.
- Las gamas alimentarias nos permiten categorizar los alimentos en función de su origen y tratamiento. Los productos de cuarta gama son alimentos frescos que han sido previamente lavados, envasados y troceados. Se envasan al vacío o en condiciones atmosféricas controladas. Los de quinta gama, son los que pasan por un tratamiento térmico, (generalmente como pasteurización)
- Ganaderas en Red es un grupo de mujeres que han conseguido crear una comunidad y mantenerse unidas y en contacto gracias a las ventajas que aporta Internet. Con esta iniciativa, GER pretende reivindicar la igualdad en un oficio que ha sido considerado hasta el momento exclusivo de hombres.